La brecha de género digital y la conciencia de las mujeres

Sophisticated Blogger, after Lejaren Hiller, Sr., Mike Licht

Iker Merchán acaba de publicar su tesis doctoral donde hay retazos de una entrevista que me hizo hace 3 años. La recuerdo perfectamente porque me sorprendió y releyendo la metodología me entero que esa sorpresa era parte del trato a los objetos de estudio, esas “mujeres influyentes” en internet (comilllas porque no nos consideramos eso) sobre las que Iker puso su lupa.

En su estudio sobre la brecha de género digital, entrevista a 10 mujeres influyentes y a 4 expertos, y tras preguntarnos por esa brecha y constatar que no creíamos que la hubiera en una casi diría falacia del superviviente, nos da los datos (contundentes y tristes) de la aún gran desigualdad de género en influencia digital de las mujeres. Entonces observa: ¿lo aceptamos? ¿lo negamos, buscamos una justificación? Y ahí es cuando empiezan a salir las anécdotas, los obstáculos que nos ha tocado encontrarnos en esta carrera por la especialización en temas de internet a estas 10 mujeres.

Siento algo que me conecta con esa entrevista después de tanto tiempo, porque en esa época ya empezaba a pensar en temas de género aunque no creía que hubiera desigualdad en internet por ser mujer. Concretamente, la hipótesis 2 del estudio: Las mujeres influyentes en internet no son conscientes de este desequilibrio.

Aunque sigo teniendo pasión por las tuberías de datos, hace tres años era una optimista digital mucho más redoblada. No veía el sexismo en este ámbito, y era una víctima más de la invisibilidad del machismo en estas épocas. Una vez que lo ves, no puedes dejar de verlo, por eso las conclusiones de Iker Merchán parecen estar tan en sintonía con lo que ahora pienso.

A pesar de que internet en principio parece una tierra prometida donde podemos empezar desde cero y no hay barreras de género, la realidad es diferente. Las desigualdades de género se prolongan a la esfera digital, no en acceso, como muchas pensábamos, sino en usos y sobre todo en temas de influencia.

Algunos datos rápidos:

  • De las 25 personas más influyentes en internet, según el diario El Mundo sólo 3 son mujeres (El Mundo, 2010).
  • De los 20 blogs más influyentes de España, según Wikio (2008), 16 están gestionados sólo por hombres. Los otros 4 blogs son colectivos y cuentan en total con 27 bloggers, de los que sólo 6 son mujeres. Ninguno de los blogs está gestionado exclusivamente por mujeres (Ebuzzing, 2008).
  • De los 25 usuarios de Twitter con más éxito de habla hispana según Twitterholic en 2011 sólo 5 son mujeres (Twitter Counter).

Merchán constata que la llegada de internet y su promesa de una imprenta para cada ciudadano creó una ola de ciberoptimismo que aún perdura. Sin embargo, los datos no corroboran ese lugar común.

Para su estudio, Iker entrevistó a 4 personas expertas que ayudaran a contextualizar la situación desde la antropología, el feminismo y la comunicación: Mariluz Esteban, Àngels M. Castells, José Cervera e Ignacio Escolar; y a 10 mujeres reconocidas como influyentes en la red: María Calvo (eBay), Isabel Aguilera (Google), Diana Yáñez (Conciencia Eco), Virginia Alonso (20 Minutos), Rosalía Lloret (Prisa), Maite Goñi (Euskal Jakintza), Noelia Fernández (Yahoo!), Marta Peirano (La Petite Claudine), América Valenzuela (RTVE) y a mí.

El libro “La brecha digital de género” está disponible para su descarga en PDF. Recomiendo leerlo completo, y dejo un resumen sobre algunos conceptos en los que coincidimos:

Brecha digital

El concepto de brecha digital es conocido por la mayoría de las entrevistadas, aunque son minoría las que creen que afecte a las mujeres por el hecho de serlo. Lo relacionan más con la edad, la ubicación geográfica o los ingresos económicos. Pocas entrevistadas conocen y aceptan a priori la brecha digital de género porque hombres y mujeres tienen acceso a las mismas tecnologías y, por consiguiente, a la Red. Su visión sobre este asunto cambia cuando interpretan los datos de las dos investigaciones. Muestran sorpresa y empiezan a relatar casos vividos por ellas mismas o por mujeres cercanas que explican esta diferencia en la capacidad de influencia que no depende del acceso físico a la Red.

Acceso a internet

La Red se caracteriza por la falta de barreras de entrada. Sin embargo, al principio los hombres han accedido en mayor medida que las mujeres. Víctimas de una sociedad machista donde las niñas jugaban con las muñecas y los niños con videojuegos, esto les predispuso a ellos a ser más proclives al uso de los ordenadores y, por lo tanto, de internet. Consideran que el acceso de las mujeres ha respondido a la practicidad de la Red más que a su carácter evasivo.

No acceden tanto como modo de entretenimiento, sino por necesidad. No obstante, hay quien apunta que aunque las mujeres accedan a internet, lo difícil es que sean leídas o influyentes. Estiman que el hecho de usar la Red no garantiza el acceso a los ámbitos de poder, dominados por los hombres.

Influencia

Es frecuente que las mujeres objetivamente influyentes entrevistadas no sean conscientes de esa influencia que ejercen y, por lo tanto, o bien no se consideren influyentes o se vean a sí mismas como menos reconocidas de lo que en realidad son. En todo caso, cuando se reconocen influyentes, no lo relacionan con su capacidad individual, sino con el puesto que ocupan en una determinada organización.

La profesión o el ámbito de trabajo es el factor determinante, no la marca personal. Al contrario que los hombres, convencidos de su influencia las mujeres se ven a sí mismas como referentes, lo que supone que conseguir influencia sea para ellas un proceso más lento, ya que muchas ni la persiguen ni la reclaman.

Las personas entrevistadas coinciden en que la Red puede ser el medio que logre una igualdad real entre hombres y mujeres. De hecho, para algunas entrevistadas ya se ha alcanzado, mientras que para otras la igualdad en internet es mayor que en los medios tradicionales, en especial si se mira a la prensa, un medio considerado más patriarcal que la radio y la televisión. Por el contrario, otras entrevistadas determinan que el dominio masculino es aún hoy evidente e, incluso, que la Red repite las mismas diferencias que se dan en el mundo online. Creen que rara vez las mujeres son mayoría en internet o en empresas y no se muestran optimistas ante la posibilidad de que esto cambie.

De ahí que se califique de machista a la sociedad actual y al sistema estructurado a su alrededor. Se mantiene que la igualdad de la que alardea internet se está consiguiendo en la base –hay más mujeres en la universidad, en las empresas o en los medios de comunicación– pero que las mujeres no acceden a los puestos directivos. Los ejecutivos son en su mayoría hombres.

Esta situación se repite en especial en las empresas privadas, ya que el modo de acceso a la Administración pública facilita que más mujeres alcancen estos puestos. Sin embargo, se recuerda que son precisamente las empresas privadas las que tienen mayor influencia. Por lo tanto, en los ámbitos de interés público hay mujeres, pero son significativamente menos. Una entrevistada incluso afirma que estas mujeres en espacios masculinos son aceptadas mientras su número no cuestiona el statu quo, esto es, mientras son «el bien escaso». Solo suponen un problema cuando su número es susciente para suponer un cambio de paradigma.

En cuanto a los medios de comunicación, la mayoría de los directores son hombres. Por ello varias personas entrevistadas consideran importantes los casos de directoras en medios relevantes como The New York Times y The Huffington Post porque auguraban un cambio en la redefinición de interés público. Sin embargo, las entrevistas se hicieron antes de que las dos directoras fuesen cesadas: Jill Abramson fue nombrada para dirigir The New York Times en septiembre de 2011 y fue cesada en mayo de 2014, ni siquiera llegó a estar tres años en el cargo.

Más breve aún fue la carrera de Nathalie Nougayrè al frente de Le Monde: fue nombrada directora en marzo de 2013 y cesada 14 meses más tarde. Lo que parecía un apunte para la esperanza se ha convertido en una prueba más de la precaria situación de las mujeres en los ámbitos directivos de los medios de comunicación.

El tratamiento periodístico de las mujeres no es igual que el de los hombres y esto implicará modificaciones que afecten a cómo la sociedad percibe la realidad.

Conciliación

Internet permite –al menos teóricamente– que las mujeres trabajen desde casa lo que facilita la maternidad sin perder oportunidades laborales ni renunciar a sus aspiraciones profesionales. Sin embargo, se entiende que ese hecho perpetúa un modelo en el que ellas permanecen en el espacio privado y desempeñan las tareas domésticas y de cuidados. Internet, por lo tanto, replicaría el mundo online y sería responsable de una brecha digital de género, que no obstante consideran que se cierra más rápido que otras desigualdades.

El techo de cristal emerge como un obstáculo para las mujeres, a quienes supone un freno en su ascenso. No todas las empresas contratan a mujeres con hijos o con previsión de tenerlos, pero además, las parejas y familiares no siempre comparten las tareas de cuidados. La crisis económica que empezó en 2008 agrava esta situación debido a los recortes en derechos y prestaciones sociales, puesto que obliga a las mujeres a tener que asumir tareas de salud y cuidados que el sistema público deja de proveer. El tiempo dedicado a estas labores se resta del que se dedicaría a internet, a mantener un blog o a estar presentes en redes sociales.

Mientras la conciliación no incluya medidas que favorezcan a las mujeres, será complicado ascender profesionalmente o disponer del tiempo que requiere la Red. Más que la voluntad, las cargas familiares determinan la evolución de las mujeres, las frenan en su promoción y en su acceso a ámbitos de relevancia pública en internet.

La blogosfera ha permitido escuchar la voz de las mujeres en internet y que esta llegue a un mayor número de personas. Sin embargo, este hecho no garantiza la influencia en la Red. Hay que ser constante en la publicación de contenido y mantener la credibilidad, dos aspectos que las entrevistadas afirman que no siempre se suelen atribuir a las mujeres. La actualización de contenidos exige un compromiso que buena parte de ellas no puede asumir por falta de tiempo, lo que las lleva a publicar menos. Pero además, un elemento clave radica en que las mujeres se piensan más lo que escriben. Les resulta más difícil dar su opinión porque reflexionan más sobre las consecuencias que esto tendrá, como sucede en otros aspectos como dar su opinión en una clase. Este es otro motivo para que escriban menos en internet y comuniquen menos en público, lo que supone que destaquen menos como referentes y personas de prestigio.

Los hombres, por su parte, son más competitivos y esto impulsa su presencia en la Red. Esta particularidad les hace participar más, ser más visibles y acumular más seguidores, entre otras cosas, porque así lo intentan. Ellas, en cambio, reflexionan lo que van a decir (ponen en duda su capacidad), no siempre buscan ser influyentes o no se conforman con publicar de manera gratuita. Exigen que su trabajo sea remunerado. Las nuevas generaciones podrían hacer que esto cambie, pero no consideran que el cambio sea rápido.

Contenido temático

Desde el principio, internet ha estado marcado por los temas que se han tratado. Los metatemas como Tecnología, Informática y la propia Red han sido cuestiones recurrentes, un aspecto que ha favorecido la preeminencia de los hombres, ya que son ellos quienes en mayor medida se interesan sobre estos asuntos. Todavía hoy se les relaciona a ellos con política, economía, divulgación científica, motor, fútbol y tecnología, un ámbito en el que algunas entrevistadas consideran que comienza a despuntar la presencia de mujeres, si bien estas se limitan a escribir sobre dispositivos o gadgets, mientras que los hombres lo hacen sobre software, servidores o leyes, entre otros temas.

En general, las mujeres se encargan de contenidos relacionados con belleza, salud, bebé o moda, donde llegan incluso a influir en los diseños de las grandes marcas. Pero algunas entrevistadas critican que estos no se consideren temas cruciales. Esta circunstancia implica una descompensación en la relevancia que se concede a los contenidos escritos por ellas y lleva a deducir que, para que se las considere relevantes, las mujeres han de escribir de temas considerados como tales (los temas de interés público destacados en esta investigación). Todavía hoy, los lectores de los periódicos son en su mayoría hombres, lo que determina que ellos tengan el poder de decisión. Se estima que las mujeres no ganarán relevancia mientras sigan escribiendo sobre temas considerados femeninos.

Diferente concepción de hombres y mujeres

El propio canal de internet aporta un matiz: la diferente concepción que se tiene de los hombres y de las mujeres que escriben en la Red. Mientras a un hombre se le respeta, con una mujer que escribe en internet se establece tal vínculo de cercanía, que varias de las entrevistadas aseguran haber sido víctimas de casos de situaciones de acoso que van mucho más allá de las críticas y ataques por no compartir opiniones. Este vínculo no se produce con las estrellas de la televisión o la radio, medios más lejanos.

Difundir a través de internet interesa a las mujeres porque su mensaje se escucha más y se vuelven más influyentes. Sin embargo, esto tiene consecuencias distintas en función del género. Las mujeres son con más frecuencia víctimas de castigo social, de envidias y de acusaciones de todo tipo, lo que actúa como freno para las blogueras. Estas destacan el desgaste que sufren debido, entre otras cuestiones, a comentarios soeces que reciben en la Red.

Falta de barreras

Se estima que el acceso está al alcance de cualquier persona, por lo que el razonamiento es que cualquiera que decida comunicar puede hacerlo. De hecho, los posibles problemas no se achacan al acceso ténico en sí, sino a factores como la educación o la ubicación, entre otros. Para navegar por internet es susciente con saber leer y escribir, contar con unos mínimos conocimientos de informática, tener un ordenador, conexión telefónica y encontrarse en una zona donde llegue internet.

Falta de visibilidad de las mujeres

Coinciden en que las mujeres no son visibles. Los hombres dominan aún los puestos directivos y los eventos de tecnología, mientras que las mujeres ocupan los puestos anteriores. Algunas entrevistadas destacan que el mundo online ha permitido a las mujeres ocupar cargos directivos tradicionalmente reservados para los hombres. Por ello, se estima que el cambio se propiciaría si las mujeres en puestos de responsabilidad en internet pasaran al mundo online en los mismos puestos.

Identidad en internet

La participación de las mujeres en internet se ha visto favorecida por la posibilidad de ocultar la identidad. Parapetadas en nombres inventados o avatares, o sin siquiera citar su identidad, algunas mujeres han ganado terreno en la Red. A ello han contribuido los blogs y las redes sociales, dos espacios en los que difunden sus ideas y acceden a información. Se estima que en algunas redes sociales, la cantidad de mujeres que las utilizan es igual a la de hombres e, incluso, en algunos casos es superior. Sin embargo, lejos de felicitarse porque el anonimato favorezca la entrada de las mujeres, estas lamentan que para obtener reconocimiento deban ocultar quiénes son.

Redes sociales

Los hombres han sido mayoría en las redes sociales desde el principio, aunque en la actualidad las mujeres les han igualado y, en ciertos casos, superado como usuarias. No obstante, se considera que quienes tienen influencia todavía hoy son hombres, por lo que el poder sigue estando en sus manos.

Techo de cristal

Uno de los principales retos que tienen las mujeres es la superación del denominado techo de cristal. No todas las entrevistadas lo conocen, pero quienes sí están familiarizadas con él dicen que más que un techo de cristal es de cemento porque los límites para el ascenso son bien visibles. Las mujeres escalan en las organizaciones hasta un determinado punto, a partir del cual no ascienden más. En numerosas ocasiones este techo es transparente, no se ve, no se indica en ninguna norma escrita, pero está ahí y les niega los puestos de responsabilidad. Se prefiere a los hombres en los cargos de dirección y, aunque la tendencia actual aventura un cambio por la incorporación de personas jóvenes, es todavía una realidad muy marcada.

Las mujeres influyentes que no aprecian este techo de cristal mencionan un desequilibrio que se acabará superando y que, incluso, atribuyen a las mujeres porque no apuestan de forma decidida por su trayectoria profesional: mencionan el límite que se autoimponen las mujeres que deciden no querer promocionar por el alto coste personal y familiar que va a tener el nuevo puesto.

Las mayoría de entrevistadas denuncian las «zancadillas» que se ponen a las mujeres, como una menor carga de trabajo, simplemente, por el hecho de ser mujer. Son pocas las mujeres que niegan haber sufrido esas dificultades. Los comentarios o juicios a los que se las somete son frecuentes. Por ello, aunque internet se aprecia como una gran oportunidad para las mujeres, no se niega que ciertos aspectos son difíciles de salvar.

Uso profesional vs. personal

La falta de barreras ha facilitado que ellas accedan a internet y que se amplíen sus posibilidades de participación. Sin embargo, la llegada a internet de hombres y mujeres no ha respondido al mismo fin. Son mayoría las entrevistadas que opinan que mientras los hombres acceden en su mayoría por razones profesionales, las mujeres se incorporan a la Red por motivos personales, como un modo de contar y compartir sus quejas y experiencias, reivindicar y apoyarse entre ellas.

Imagen: Sophisticated Blogger, after Lejaren Hiller, Sr, por Mike Licht.

La brecha digital: ciberutópicos y pesimistas digitales

La brecha digital en cifras
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Si hay un espacio de libertad que puede terminar con las desigualdades de antiguas estructuras e instituciones, ese parece ser internet, con sus modos díscolos y su insurgencia frente a esquemas tradicionales. Si hay una nueva “tierra prometida”, esta parece estar muy cerca del acceso al conocimiento que nos da la red.

La red de redes ha ido revolucionando industrias y modos de organización a escala mundial. Se ha convertido además en el nuevo espacio público, sin necesidad de reconocimiento de autoridades, gobiernos o medios de comunicación. Si antes decíamos “lo ha dicho la tele”, ahora “lo vi en Twitter”, “está en Youtube” o “envíame el enlace” son las nuevas formas de legitimación de los contenidos que nos llegan.

Los modelos de grandes industrias, como la música primero, el cine, los medios de comunicación después, y ahora también las editoriales se ven tambalear cuando los hábitos de consumo cambian y las herramientas de producción se hacen accesibles a más personas. Ya suena a lugar común hablar de las posibilidades que implica subirse en esta nueva nave que nos impulsa hacia el futuro.

Contra este optimismo digital surge el escepticismo de pensadores como Evgeni Morozov. La idea que subyace en la visión de los ciberutópicos, explica Morozov, es que si das dispositivos y conectividad a las personas, la democracia surgirá inevitablemente.

El problema con este tipo de argumento, explica Morozov, es que confunde los usos deseados con los usos reales de la tecnología. Tenemos las herramientas para terminar con las desigualdades, pero ¿lo estamos logrando o es una declaración de intenciones? Morozov define internet como el nuevo campo donde los métodos de control siguen reproduciéndose, porque los gobiernos totalitarios han aprendido a manejar el ciberespacio.

La visión crítica hacia aquel optimismo viene desde hace tiempo, cuando se empezó a hablar de la brecha digital, o fractura digital, que es la cantidad de personas que tienen acceso a internet, entendido como dispositivos más conectividad.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), el 39% de la población mundial está conectada, pero en los países en desarrollo ese porcentaje es del 31%, mientras que en los países desarrollados es el 77% el que tiene acceso a internet. Otra institución, esta vez financiera, como el Banco Mundial, da cifras similares: en 2011, de cada 100 habitantes de países desarrollados, 67,4 estaba en internet, mientras que en el resto de los países esta cifra caía a 27,96.

El crecimiento del acceso a internet no se detiene, pero a pesar de la tendencia positiva, el 90% de no-conectados pertenece a países pobres o en desarrollo. Es decir, de acuerdo con los estudios, dos tercios de la población mundial están desconectados de internet y de las oportunidades a las que un tercio privilegiado tiene acceso.

Para entrar en internet se necesita electricidad o baterías, un dispositivo (ordenador o teléfono inteligente), conexión (infraestructura y acceso a esas redes). Pero para ser parte activa y construir algo en la sociedad de la información se necesitan, además de lo dicho, alfabetización –damos por descontado el saber leer, escribir y manejar un teclado– y habilidades específicas de uso del ordenador, del software y las redes. Y cuando internet empieza a ser más accesible a todos, cabe preguntarnos si los que vamos a bordo de esta nave estamos en la sala de control o sólo vemos las olas pasar.

Aquí nacen las otras brechas digitales, las desigualdades dentro de la brecha. Según un informe encargado por Intel con la colaboración de ONU Mujeres, a escala global en los países en desarrollo, un 25% menos de mujeres que de hombres tiene acceso a internet, disparidad que se eleva a un 45% en regiones como el África subsahariana.

Incluso en economías que están creciendo rápidamente, la brecha es grande: alrededor de un 35% menos de mujeres que de hombres en el sur de Asia, Oriente Próximo y el norte de África se conecta a la red y alrededor de un 30% en algunas partes del continente europeo.

Los coches pueden no ser un derecho, pero la posibilidad de moverte con libertad ciertamente lo es. Internet es más como el sistema de carreteras que como un coche.

El coste económico, el analfabetismo, la falta de conciencia de las oportunidades, y la desigualdad que existe entre unos y otros países e incluso dentro de ellos, hace que estas brechas también se manifiesten en el acceso a la tecnología, dejando a millones fuera de la nave. Internet, además, es un espejo que nos muestra la gran desigualdad presente en el mundo y que estamos perpetuando si no hacemos algo para cambiarla.

Por lo tanto, saber qué hacemos quienes ya estamos en la red también interesa. Si la forma y el grado de participación es un parámetro importante, los estudios hablan por ejemplo de la regla del 1%, o principio del 90–9–1, una ratio que varios estudios en comunidades online, como Yahoo, Flickr, Wikipedia o Menéame han confirmado, donde el porcentaje de productores de contenido es sumamente reducido. La ratio de creadores/consumidores es de un 0,5% también en un estudio llevado a cabo en Twitter en 2011 que confirmaba que sólo una “élite” de 20.000 usuarios generaban tuits con el 50% de las URL que el resto consumía.

Respecto del tipo de actividad, Morozov estudió una jerarquía piramidal de cibernecesidades: nos dedicamos más a 1) divertirnos, 2) hablar, 3) compartir en redes sociales, 4) aprender (en sitios como Wikipedia o las charlas de TED) y, finalmente, 5) a actuar en campañas o por causas a las que nos adherimos.

Cuando usamos internet de forma activa y colectiva, los cambios son tan grandes que equivalen a cambios de categoría y no sólo de escala. En este sentido, Steve Levy observó, al escribir sobre el cambio que significó la aparición del iPod, que si uno hace algo un 10% mejor, logra una mejora, pero si hace algo 10 veces mejor, crea algo nuevo.

Internet no sólo puede hacer que nos comuniquemos mejor, sino que el grado y el alcance de esa comunicación transforma la manera en la que actuamos y vivimos. Hasta tal punto que el acceso a internet ha sido considerado por Naciones Unidas como un derecho humano, porque posibilita la educación, la libertad de expresión y la libertad de reunión de maneras nuevas. Vint Cerf, uno de los padres de internet, no está de acuerdo, porque considera que la web como herramienta no puede ser un derecho en sí, sino que lo es aquello que posibilite hacer esa herramienta.

Mathew Ingram, un periodista especializado en temas tecnológicos, justificaba la decisión de la ONU diciendo: “Los coches pueden no ser un derecho, pero la posibilidad de moverte con libertad ciertamente lo es, e internet es más como el sistema de carreteras que como un coche o un caballo”.

El agua antes que internet, o las matemáticas antes que aprender a programar. La idea de que hay que tener primero ciertos derechos o saberes, para que después vengan las “nuevas tecnologías”, como si el aprender no fuera parte de un proceso en el que el tener una ventana abierta al mundo y estar conectado en redes no favoreciera de manera multiplicadora ese aprendizaje, transformándolo en sí mismo. Como si al analizar el enorme salto que hizo dar la imprenta a la humanidad pudiéramos separar la herramienta del alcance que permitió.

Hay un momento en todo debate en el que se menciona la brecha digital como excusa para quitar importancia a internet, para recordarnos que estamos dejando fuera a quienes no pueden acceder a un ordenador… Y olvidamos así una gran brecha analógica que es y ha sido mucho más grande, pero también más invisible. A aquella cantidad de gente –siempre mayor numéricamente– que por una infinita variedad de causas no podrán estar en un lugar definido en tiempo y espacio.

La brecha digital es un concepto que ha sido usado como excusa muchas veces para negar o subestimar el impacto que tiene internet sobre el progreso de la sociedad y los individuos conectados. Podemos hablar de cantidad de smartphones o banda ancha por país, pero la distancia analógica siempre será mucho mayor, meramente por posibilidades numéricas, ya que internet permite conjugar personas, espacios y tiempos que analógicamente no es posible conectar.

El optimismo no está mal, pero deberíamos dejar de pensar en términos de “iPods per cápita” y más en qué estamos haciendo los que sí accedemos a internet, cómo podemos fortalecer a los intelectuales, a los disidentes, a las ONG y a los miembros de la sociedad civil. Como propone Morozov, “debemos callarnos nuestras conjeturas ciberutópicas y empezar a hacer algo efectivamente”.

Si se trata, como dijo William Gibson, de que el futuro ya está aquí, sólo que no está distribuido equitativamente, quienes somos testigos de sus posibilidades tenemos tarea por hacer.


Este artículo se publicó originalmente en la revista Cuadernos #2 Más Desiguales de eldiario.es, dedicada al análisis de la desigualdad en varios ámbitos, y en Diario Turing, la semana pasada.

La empresa ante las redes sociales

De esto me invitaron a hablar en un programa de formación de la Cámara de Comercio de Las Palmas. Creo que muchos empresarios están empezando a oír hablar del social media y por necesidad o simple curiosidad quieren empezar a enterarse de cómo funciona todo esto pero se encuentran de repente en un ámbito en el que no saben muy bien cómo actuar.

Mi mayor dificultad al preparar el curso fue adaptarlo a los distintos niveles de experiencia en usos de internet de un público desconocido. La brecha de alfabetización digital se manifiesta en nuestra sociedad y no iba a ser excepción en el curso: muchos comentaron sobre “la amplitud de información”, “el mundo nuevo que hay ahí afuera del que no teníamos idea”, “muchísima información muy valiosa para sólo un curso”, mientras, para mi sorpresa sólo una persona coincidió conmigo en que fue “básico”(cito respuestas sacadas de la encuesta final).

De hecho, yo creía que era básico, hasta que el coordinador me sugirió que fuera más despacio y mostrando ejemplos de lo que hablaba, porque había personas que por ejemplo nunca habían entrado a Facebook mientras yo daba por sentado su funcionamiento. Así que el segundo día modifiqué toda mi charla e improvisé yendo a la parte práctica de todo esto. La gente estaba encantada de que alguien pudiera explicarles el funcionamiento básico de las herramientas sociales. Fue un poco un society shock, como cuando sales de tu mundo y te das cuenta de que todavía falta mucho camino por andar en estos temas.

Esta fue una de las impresiones del curso. Surgen muchas más en los primeros datos de una encuesta que hice allí, cuyos datos serán publicados algún día, esperemos que no muy lejano, en este mismo blog.

Yo hoy no celebro nada

Quizás el lobby de pasteleros tenga algo que festejar el 17 de mayo, yo desde luego no veo ningún acierto en esto que han montado para justificar los presupuestos dedicados al Día de Internet.

Todos vemos esta brecha que existe entre los que tenemos el uso de internet incorporado a nuestra vida, y una mayoría de personas a las que tenemos que explicar a cada rato qué es un blog, o por qué no hay que reenviar correos con todas las direcciones sin ocultar.

Sabemos que la causa de que España todavía esté a la cola en el uso de internet en Europa no se debe realmente a que “a los españoles nos gusta salir y no estar en frente del ordenador” sino a que tenemos las tarifas más caras y el ADSL más lento de la Unión Europea.

La sociedad de la información tiene que ser posible para todos. Más allá de que unos seamos unos apasionados, cualquier persona debería poder enfrentarse a las nuevas tecnologías sin miedos, con la capacidad de poder buscar, discernir, conocer las posibilidades, poner la tecnología a su servicio, tomar sus propias decisiones en cuanto a lo que consume en todo tipo de contenidos: musicales, periodísticos y hasta ideológicos.

Es en estas circunstancias que la administración del estado, al organizar los festejos por el día de internet, presenta una serie de actividades que poco tienen que ver con el acercamiento real de internet a los ciudadanos.

Unos funcionarios que dicen que no son “partidarios de la extensión de las redes WiFi por la ciudad” mientras te invitan a comprar en El Corte Inglés en su nota de prensa no sólo no están promoviendo el uso de internet, sino que probablemente pocas veces se preocupen por saber qué pasa en la red, cómo pueden acercarla a todos, y probablemente no sepan qué es un podcast.

Y ahí también está la brecha digital. Como decía Eduardo en el podcast #3 de Alt1040, la brecha digital no es solamente generacional, también existe entre los políticos y la gente. Internet no será de todos mientras los responsables de adjudicar presupuestos los destinen a pastelitos y no a conexiones y ancho de banda real; mientras los usuarios de ADSL sigan viendo sus derechos sin respetarse.

Que otros se acuerden de internet hoy para olvidarse durante los siguientes 364 días, yo hoy no tengo nada que celebrar.

Más links:

ADSL rural, mucho más caro y mucho más lento – ELPAIS
La sociedad de la información crece en España a un ritmo más lento – ELPAIS
La expansión de la bancha ancha en España esta por debajo de la media europea – HoyInversión

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