Balcony

Nan Robertson fue la periodista del New York Times que en su libro “The Girls in the Balcony” contó la historia interna de la lucha de las mujeres del Times por un tratamiento igualitario en el periódico. El balcón en cuestión está en el salón de bailes del Club de Prensa Nacional de Washington, que hasta 1955 prohibía a las periodistas mujeres entrar, y hasta 1971 unirse al club.

La única forma que tenía una reportera mujer de cubrir un discurso presidencial era ubicándose en aquel balcón sobre el salón. Así que cuando el presidente hablaba, las mujeres periodistas se amontonaban en ese pequeño espacio, entre los técnicos y los cables. Esas eran las chicas del balcón.

Dijo Michelle Bachelet una vez que cuando una mujer entra en política cambia la mujer, pero cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política. Si pensamos en medios de comunicación, quizás es lo que nos haga falta para volver a un periodismo inclusivo.

Un sector en el que el 47% de las periodistas son mujeres no puede tener un ratio de directivas que no llega al 20 %, por razones de productividad y eficiencia, y también de representatividad, de justicia.

Es necesario promover el liderazgo de la mujer en medios de comunicación.

Con este objetivo nace hoy un proyecto que lleva 2 años in the making: el Balcony Group. Está formado inicialmente por nueve periodistas, entre las que me han invitado a formar parte: Ana Pardo de Vera (directora de Público), Soledad Gallego-Díaz (directora de El País), Montserrat Domínguez (directora de revistas de PRISA), Pepa Bueno (Directora Hoy por Hoy –SER), Ana Romero (periodista y escritora), Charo Marcos (directora de Kloshletter), María Ramírez (Nieman fellow), y Mirta Drago (directora de comunicación de Mediaset), y yo. En la foto, algunas de ellas estamos en el balcón del salón de International Institute donde se hizo el panel de Liderazgo de Mujeres en Medios hoy, como un improvisado tributo a esas chicas del balcón que lo cambiaron todo en el New York Times.

Mujeres periodistas líderes se suman a la primera línea de la batalla por la igualdad (Público)

Buscar la verdad, contar la verdad

En los medios nos hemos olvidado del objetivo de buscar la verdad. A veces escribimos para nuestros jefes, a veces para nuestra burbuja de seguidores de Twitter, a veces incluso escribimos para los lectores del medio en que escribimos. Pero no muchas veces nos atrevemos a dudar de nuestros sesgos.

Tengo la suerte de conocer a varios periodistas que llevan el oficio dentro. Los leo porque sé que los likes les dan igual, que ellos publicarán lo que sea necesario. Pero no es la mayoría. La verdad ya no es un objetivo para la mayoría. Contar los hechos es algo que hacemos, algunos por convencimiento íntimo, otros por costumbre, otros incluso por objetivo comercial: “hay que ser creíbles para construir una marca”.

Internet, el medio digital, nos enamoró desde el principio porque vimos allí en su anarquía, un espacio de libertad y de debate. Nos echamos a sus brazos y nos dejamos llevar por la impulsividad de las redes, por el avasallamiento de los likes, porque creímos que la verdad triunfaría sola, que todo era más transparente y que podríamos hacer un periodismo nuevo partiendo desde cero.

Pero ese espacio de libertad y debate tiene que ser protegido. Allí todo va muy rápido, y como hemos aprendido, también la mentira, también la manipulación, también el ansia de conseguir un par más de clicks y luego rectificaré.

Y los periodistas trabajamos con las prisas. Es más fácil coger una declaración, tira por ahí, hago una llamadita, y monto la URL. Pero hoy en nuestra sociedad hay temas que exigen que nos leamos un par de libros, que hablemos con expertos, que nos enfrentemos a nuestros sesgos y debatamos antes de publicar.

Todos estos matices y puntos de vista necesitan ser negociados, debatidos y defendidos dentro de una redacción. Si no tenemos redacciones donde todos seamos escuchados, si creemos que una redacción es sólo una empresa donde uno va, hace lo suyo y no se moja ni se implica, nos perdemos la ocasión del debate, la ocasión de cambiar lo que estaba mal.

Y cuando digo escuchar a todos, también me refiero a dejar trabajar a todos, a dar más poder de decisión a los periodistas.

¿Cuántas mujeres hay en las redacciones? ¿Y cuántas mujeres están tomando decisiones a alto nivel en esas redacciones?

Quizás la verdadera innovación no es sacar unos gráficos con una nueva herramienta. Quizás la innovación verdadera sea empezar a poner a más mujeres en puestos de mando, cambiar la forma de trabajar, abrir los despachos, escuchar más a nuestros lectores.

Como directivos tenemos que delegar más, confiar más en nuestros periodistas. Como periodistas tenemos que hacernos responsables de contar la verdad. Como primer objetivo. No podemos ser cómodos. No es un oficio para cómodos.

 

Estos son algunos apuntes que preparé para la charla que tuvimos en la I Jornada de Periodismo Responsable, Innovación y Libertad de la Información, organizada por la PDLI, ayer en Madrid, donde firmamos con otros medios el Decálogo para un periodismo responsable. La charla completa puede verse en este vídeo: 

 

Los muertos en enfrentamientos policiales no están en bases de datos

Hands up, don't shoot

 

En uno de los países que más datos guarda y que más acceso a la tecnología tiene, en el país donde está Ferguson, hay una base de datos que no existe: la de las personas que mueren en enfrentamientos policiales. Brian Burghart, editor del Reno News & Reviews, es uno de los que comprobó esto al buscar datos, y decidió hacerla él mismo. Montó fatalencounters.org y está pidiendo ayuda para que cualquier persona pueda ayudar a completar esta base de datos. El proyecto se suma a otros dos: el de Kyle Wagner, que empezó hace unos días, y el de Jim Fisher.

Burghart comprobó que estas noticias sólo aparecen en ediciones locales y en la mayoría no se consigna el nombre de la víctima ni del policía, ni explicación de la situación. El dato de la raza de la víctima, a menos que sea informativamente relevante, tampoco se da por ética periodística, con lo que se agrega más opacidad al suceso.

Además del valor de la base de datos que está construyendo, Burghart dice:

The biggest thing I’ve taken away from this project is something I’ll never be able to prove, but I’m convinced to my core: The lack of such a database is intentional. No government—not the federal government, and not the thousands of municipalities that give their police forces license to use deadly force—wants you to know how many people it kills and why.

[Lo más importante que he aprendido de este proyecto es algo que nunca podré probar, pero de lo que estoy íntimamente convencido: la falta de una base de datos como esta es intencional. Ningún gobierno, ni el federal ni los de miles de distritos municipales que dieron a sus fuerzas policiales permiso para usar fuerza mortal quieren que sepas cuántas personas matan y por qué.]

Foto: Light Brigading, Standing up for Ferguson.

The nerd factor

Computers are so fascinating, in and of themselves, that it is easy to get so absorbed in the minutia of their operation that you forget what you started to use the computer for in the first place.

[…]

The seductive thing about the computer is that it presents many interesting puzzles for which there is always an answer. And if you work with it long enough and hard enough, it will always reward you. Most of life is not that way. Rewards are uncertain; you never have complete control. And so it becomes tempting to concentrate on the area where you do have control, the computer and its contents, to the exclusion of everything else. Neither academics nor journalists can afford to become that narrow. The computer needs to be kept in its place: as a tool to help you toward a goal, not as the goal itself.

From “Precision Journalism: A Reporter’s Introduction to Social Science Methods”, by Philip Meyer

La voz de internet

Quienes estudiamos y hacemos uso de la comunicación en internet desde hace mucho tiempo tenemos incorporado un código inconsciente, una cultura de la libertad que no cuadra con el estilo formal y rebuscado de otros lenguajes, como las notas de prensa, los escritos impersonales o el tono de los relacionistas públicos.

Internet da un poder comunicativo a cada individuo en una dimensión nunca antes conocida, porque permite a todos conectarse de igual a igual, y en este espacio la comunicación no puede ser de otra forma que personal, directa, conversacional. Hay una antena que todos tenemos naturalmente para darnos cuenta si alguien nos está hablando de forma directa, de tú a tú. Parece simple, pero ha costado más de 10 años que esto sea entendido por muchas empresas y ejecutivos, relacionistas públicos y marcas, y aún así muchos parecen no terminar de encontrar la forma.

Nacida libre y abierta, Internet ha sido hasta ahora (y esperemos que lo siga siendo) un espacio lleno de la voz humana. Parte del entusiasmo con el que se participa en ella tiene relación con esto: con la gratificación que produce expresarse y escuchar a las personas auténticas que están del otro lado. Cada vez más gente participa de las redes, y las conversaciones adquieren una escala global.

El cambio que trae Internet a la comunicación y a la cultura es espectacular y ha hecho que hablemos muchas veces de revolución. La actitud reinante en la Red combina amplias dosis de humor, de inteligencia e ironía. Algo muy alejado de la superficialidad y vacuidad de las comunicaciones corporativas o de la pretendida objetividad periodística. Cuanto menos tardemos en comprender que la comunicación en Internet se halla impregnada de esa voz humana que habíamos perdido con años de marketing y gabinetes de prensa, más pronto empezaremos a disfrutar de la fiesta.

Este es un texto con el que colaboro en la página 155 del libro “80 claves sobre el futuro del periodismo“, de José Luis Orihuela.

Twitter para periodistas

Twitter es una gran fuente de pistas informativas: a estas alturas de eso no cabe ninguna duda. Con 200 millones de usuarios lanzando 130 millones de tuits diarios, se ha convertido en una gigantesca red de alertas mundial. Un uso eficaz de Twitter es fundamental para cualquier periodista, por lo que apunto aquí algunas claves para ellos:

Abre una cuenta ya: Twitter es un buen termómetro de la actualidad. Si tu materia prima es la información, lo raro es que no estés ya allí.

Escucha: Los medios han estado desde siempre acostumbrados a ser emisores únicos y a controlar la información. Olvídate de eso. La información seguirá siendo la reina: tu protagonismo no interesa. En Twitter hay códigos nuevos y necesitarás aprender a escuchar.

Chequea fuentes: Un periodista tiene una responsabilidad con la información que emite y deberíamos chequear datos antes de distribuirlos. Evidentemente no siempre podremos llamar por teléfono al protagonista de la noticia pero hay otros métodos: desde contactar con la fuente mediante mensaje directo o reply en Twitter hasta buscar la información fuera para confirmar de dónde proviene. Otro consejo: nunca retuitees un enlace sin haber comprobado a dónde te lleva.

Da crédito: Decir el origen de tus datos es parte importante de esa información, y permite seguir completando la noticia. Retuitea, dí cómo te enteraste de algo, dónde estás. Si mencionas a alguien y tiene Twitter, pon su nick en vez de su nombre, porque así creas un enlace a su perfil. Ojo: cuando nombras así a alguien, le envías una notificación y leerá lo que escribas. Bienvenido al mundo de la conversación: ya nadie tiene el control de la noticia, pero eres responsable de lo que dices.

Sé –más que nunca– claro, conciso, directo: Lo que tengas para decir debe caber en 140 caracteres; si son menos, mejor, porque así tu mensaje será retuiteable. Quita adjetivos, simplifica, busca la palabra precisa. Recorta hasta hacer que cada palabra de tu tweet sea imprescindible.

Esta es una columna que escribí para Época, el suplemento dominical de La Gaceta el domingo. El reportaje completo se puede ver en pdf.

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