Las listas de Twitter y la reputación online

Desde la aparición la semana pasada de la función de Twitter para crear listas de usuarios, la pregunta ya no será cuántos followers tienes sino en cuántas listas apareces. Creo que no es una función más, sino que es una de las claves para saber cómo empezaremos a usar Twitter en una nueva forma. Seguramente, dándole la vuelta al asunto, ahora también competirán en su uso con los lectores RSS. (¿Se acuerdan cuando empezamos metiendo el feed de algunos usuarios en nuestro RSS?)

Las listas pueden ser privadas o públicas, y aparentemente hay un límite de 20 listas por usuario (no lo he probado). Aunque yo estaba esperando más los grupos (donde la diferencia sería que pudieras compartir mensajes dentro de ellos sin molestar a otros), creo que las listas son excelentes para filtrar el tipo de información que necesitas a cada momento y de hecho ya usaba grupos en otros clientes (Tweetdeck, Seesmic). Por eso creo que terminaré de sacarles el jugo cuando sean exportables a esas aplicaciones a través de la API.

La primera vez que ves cómo mucha gente te ha etiquetado la sensación de autoconocimiento y reafirmación de la identidad es importante y te das cuenta de que el control de tu propia imagen en la red cada vez está menos en tus manos y cada vez más en el conjunto de procesos sociales que nos rodean (que en la web social son múltiples).

Como señala Dreig,

Las listas son una nueva característica del Universo Twitter que si bien ya podíamos utilizar como herramientas de productividad y organización desde aplicaciones de escritorio externas, se convierten ahora en elementos relevantes de construcción de la web social.

La importancia de las listas ya no reside en su mera función organizativa, sino que además representa un filtro muy potente, personalizado por los mismos usuarios, que indica y señala una folcsonomía de sujetos en la comunidad, un renovado indicador de influencia.

La primera sensación de varios ha sido la de pensar que esto traerá problemas. Qué pasa si estoy en una lista en la que no quiero estar, esa misma sensación de que alguien te etiquete en Facebook. Más allá de que realmente sí puedes quitarte de una lista en la que no quieres estar, las listas serán un reflejo de cómo te ven los demás en el mundo online y eso también depende de la imagen que generas, de la naturalidad o de la máscara con la que te mueves y también de la imagen que tienes de tí mismo.

Fue lindo verme en las listas en que me habían puesto. Siguiendo este ejercicio que ya vi en e-cuaderno, en lo de Fernando Tricas y en Blogpocket, puedo decir que en este momento estoy en 133 listas que me clasifican bajo:

Wordle - Create

Un par de datos útiles:

  • No tienes que seguir a alguien para incluirlo en una lista, algo que me parece interesante porque amplía muchísimo el alcance de lecturas que podemos tener
  • Los que tienen candado se quedan fuera del juego: no es posible agregar a una lista a personas con updates protegidos [Actualización: me dicen que no directamente desde el perfil pero si los buscas en listados de followings/followers sí es posible agregarlos a listas, aunque no puedes leerlos en el timeline si no te aceptan]

El poder real de las mujeres con poder

elena_salgado.noticia

Que una mujer no pegue un puñetazo en la mesa para hacerse oír no quiere decir que no sea capaz de hacerlo, aclara Rosa Escapa, experta en igualdad de oportunidades. Sencillamente, no es el modelo en el que ha sido socializada ni el que cree más adecuado, añade. En este sentido, se pregunta qué habría hecho Rajoy con Salgado si no hubiera contenido su agresividad: «¿Revolcarla en el suelo? ¿Pisarle el cuello? A un hombre tampoco hay motivo para tratarlo con menos respeto».

El poder real de las mujeres con poder, de Magda Bandera para Público. La secretaria del Partido Popular, Dolores de Cospedal había dicho que Mariano Rajoy, líder de su partido, no fue el 21 de octubre en el Congreso más contundente porque, al ser él un hombre, hubiera quedado como cuando «un chico le pega a una chica en el colegio».

Primeras damas en el asiento de atrás

Academics, economists, lawyers, businesswomen: the qualifications in the room made for a highbrow coffee morning. It was disappointing not to find a few more husbands of presidents and prime ministers in the mix, but clearly miracles don’t occur over mere decades in politics.

The spouses included grandmothers and mothers, career women and career wives – all engaging with the complicated challenges of taking a back seat while in most cases being qualified to ride upfront.

Maybe one of these days we’ll see women like these at the summit, and a few more boys at the sideshow.

Michelle Obama, Karl Marx and the secrets of the G20 First Wives’ club, The Guardian.

¿Somos más libres o estamos más controlados?

El tema de Chrome y el rechazo que empieza a causar la cantidad de información y que seguimos cediendo alegremente a Google y la dependencia que nos genera me hizo acordar de este video, Epic.

(Aquí con subtítulos en español)

Lo hicieron dos estudiantes del Poynter Institute, Robin Sloan y Matt Tompson, allá por el 2004 y sorprendió por su capacidad de predecir el curso de la información en internet.

El paradigma de la información está cambiando. En la sobreabundancia de datos necesitamos sistemas de filtrado y no es otra cosa lo que están proponiendo, cada uno a su manera, los nuevos esquemas de distribución de contenidos, los new media, las aplicaciones sociales en la red, los nuevos navegadores. En cierta manera, es una revolución porque está tirando abajo el mundo que ya conocíamos y lo está haciendo sin pedir permiso a nadie.

Nos guste o no, somos parte de eso porque nos beneficia en lo práctico. El precio de que Gmail lea nuestros correos está pagado con la gratuidad de un correo online de más de 7Gb (and counting). Nos sentimos observados y expuestos hasta en nuestros gustos musicales, pero ¿cómo conocerías música nueva por ejemplo si no hubiese una red de conocidos en tu last.fm que te dan pistas?

Nos entusiasmamos con los nuevos paradigmas pero me pregunto hasta qué punto estamos dispuestos a cambiar la forma en que damos y consumimos la información si eso significa ceder libertades y estar mucho más controlados paradójicamente. ¿Pasa todo por un tema de practicidad? ¿Deberíamos ser más conservadores o cautos en la red? ¿Ser así significaría una resistencia inútil a las tendencias de las tecnologías de la información?