Caravana refugiados

Un puente como un campo de refugiados, esa es la imagen de la Caravana Migrante. Cuatro mil personas que esperan sobre un puente de un kilómetro en Guatemala, en la frontera, que les den paso a México. Les han dicho que lo harán a las 7 de la mañana. Algunos se tiran al agua, 20 metros hacia abajo.

Alberto Arce pide informar correctamente sobre este tema y advierte que estamos llamando migrantes a quienes son refugiados, a quienes huyen de la violencia, de las fauces de la muerte. He recordado a los héroes que salvan vidas en el Mediterráneo, cuando Óscar Camps y Laura Lanuza nos contaban  lo que habían vivido en Lesbos, y se me ha venido a la mente esta poesía de Warsan Shire:

no one leaves home unless
home is the mouth of a shark

you have to understand,
that no one puts their children in a boat
unless the water is safer than the land

 

No hay fronteras para el hambre

Valla de Ceuta

Europa, y en general los países desarrollados, siguen sin entender que el hambre y la miseria de las personas no puede quedarse detrás de una frontera. Siempre habrá en las personas esa energía de progreso, esos sueños sobrevalorados o no, pero ese ansia de vivir mejor: qué bueno saber que eso no se mata.

Esa energía sobrehumana que los lleva a cruzar un mar asesino en unas barcas que parecen de juguete, dejando una vida entera atrás; mirando el colmillo de la muerte, aceptando palizas por parte de policías marroquíes haciendo el servicio a la respetable Unión Europea. Pensar que las responsabilidades sobre el hambre de muchos se borran automáticamente porque esos hayan nacido detrás de unas fronteras es olvidar los terribles desequilibrios que existen globalmente y que no fueron causados de forma natural.

Estas son cosas que pienso mientras leo el primero de los capítulos de P+DH: En el laberinto del Estrecho (1) Un Muro en el mar, donde Lydia Molina relata  los intentos de los inmigrantes que quieren cruzar a Ceuta y el desengaño de los que consiguen llegar y se encuentran encerrados en la ciudad. También hay crónicas de esto todos los días en el periódico de turno, sólo que cada vez ocupan menos espacio y son menos noticia.

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