Radar COVID: por qué hay que pedir seguridad y privacidad en una app de rastreos

Radar COVID Localización

Radar COVID, la app de rastreo de contactos española para luchar contra la pandemia, ha pasado el período de pruebas. Llevo semanas siguiendo este tema y hablando con fuentes para saber por qué aún tiene tantas sombras (y despejarlas), y esta semana he publicado este reportaje sobre las dudas que persisten, meses después.

Se dice que es de código abierto, como el resto de apps europeas, pero todavía no hemos podido verlo. Esto despejaría el 100% de esas dudas (esperamos al 15 de septiembre, que es cuando dicen que la abrirán). Dicen que se basa en DP-3T, una app abierta europea, que en principio podría ser adaptada con ligeras modificaciones, pero el proceso parece estar llevando demasiado tiempo, y Carmela Troncoso, la líder del equipo de DP-3T, nos ha dicho que no llamaría colaboración a lo que hubo con España. Sólo en Europa, contamos ya 10 apps basadas en este código abierto que están funcionando.

La ministra de Economía, Nadia Calviño, dijo a finales de mayo en el Congreso que las pruebas comenzarían en junio. Luego lo retrasaron hasta julio, con el piloto de La Gomera. Hace dos semanas empezamos a buscar el contrato, que no estaba publicado aún. Fuentes de SEDIA me dijeron que igual era por la tramitación de emergencia, pero esto no es así. La tramitación de emergencia permite saltarse la adjudicación para agilizar el trámite, pero una vez adjudicado toda esa documentación debe ser puesta a disposición del público, según la ley de contratos públicos.

Por otro lado, el tema de la localización. Se repite que la app funciona con Bluetooth y no utiliza datos de localización pero en Android no puedes usarla con localización desactivada. Haz la prueba, tu teléfono te mandará un mensaje como el de la imagen de esta entrada. Es decir que tu teléfono sí está cogiendo datos de localización. “Pero la app no los pide”, dicen desde SEDIA. Muy bien, pero a día de hoy, con más de un millón de apps instaladas y activas en los bolsillos de los españoles, no podemos comprobar eso, o si Google está haciendo algo con esos datos. Por eso además de una auditoría externa de esta app sería bueno también auditar la API que Google y Apple crearon para esto y en lo que se basa la app. Esa auditoría ha sido pedida por Troncoso, sin respuesta aún.

Una app de rastreos implica un desafío tecnológico y ético tremendo, más en épocas de pandemia, en las que siempre planea la tentación y la excusa de dejar de lado la privacidad por la seguridad. No es imposible. En pandemia necesitamos tecnologías seguras, abiertas y auditadas para garantizar la confianza de los usuarios. Los ciudadanos deben tener la información clara para que la instalen con decisiones informadas. Seguridad por diseño, no por confianza.

El reportaje completo ha sido publicado en Newtral: Luces y sombras de la app de rastreo en España

Diarios colectivos de la pandemia

Todo ha cambiado. Tenemos pandemia, tiempos oscuros, encierros, duelos, desgracias. Toboganes emocionales, incertidumbre, situaciones complejas. Estamos ante algo que no imaginamos, repetimos, como si quisiéramos creérnoslo, como si no termináramos de captarlo. Nosotros que nos creíamos de vuelta de todo, millennials, X, boomers. Aquí estamos repitiéndonos, contándonos unos a otros lo que nos ha pasado, reconociéndonos en el otro, volviendo a los libros, al hogar, a lugares íntimos, que habíamos olvidado. O no, pienso, yo no los había olvidado, pero no me daba la vida. Los habíamos olvidado colectivamente. Eso es.

Qué suerte que al menos podemos leernos, escribir, contarnos y lanzarlo en las redes con la pequeña alegría de que alguien nos lea. O al menos con el alivio de soltarlo.

Hoy he leído esto sobre los No esenciales de una pandemia, de Anna Pacheco; el dossier, Diario de la pandemia que está construyendo la Revista de la Universidad de México con varios escritores. Paul B. Preciado y cómo cuenta que el amor, en este caso de sus padres, destroza otras distancias mentales, y la ansiedad de Mariana Enríquez, que es la mía y la de muchos, creo.

The fall

– How can you be alive? I saw you die. Why aren’t you dead?
– Because it’s not the fall that kills you, Sherlock.
Of all people, you should know that, it’s not the fall, it’s never the fall.
It’s the landing!

(Sherlock s03e04 The abominable bride)

Los libros que me hicieron feminista

8M 2018, Plaza de Callao, Madrid.

Hace unos años escuché esto de leer a más mujeres y fue otra de las ideas que me parecía absurda y luego me pasó por arriba como una apisonadora. No es que lo buscara, pero me dejé recomendar mujeres y de repente una lectura llevó a la otra. Terminé leyendo a muchísimas mujeres. No porque sí, sino porque sus lecturas me llenaban de temas mucho más interesantes, más profundos y sus puntos de vista más originales.

Muchas, como Rita Segato, Cristina Morales o Sara Mesa, abofetéandome, empujándome a un estado de reflexión constante. Otras describiendo tranquilamente sitios donde hemos estado tantas veces, situaciones en las que hemos sentido que algo no estaba bien pero donde teníamos que sobrevivir, con una naturalidad que no esperaba encontrar fuera de mí,  fuera de cada una de nosotras. Lecturas que nos hicieron hablar de nosotras y ya no de cada una. Lo personal y lo político. Os paso mi lista de libros así, que te hicieron verlo, y que luego nunca puedas ya dejar de verlo. 

When Computers Were Human de David Alan Grier

How to Be a Woman, de Caitlin Moran

La mujer rota, por Simone de Beauvoir

Not that kind of girl, por Lena Dunham

Una Habitación Propia, de Virginia Woolf

Bossypants, por Tina Fey

Coño Potens, por Diana Junyent Torres

Demasiada felicidad, por Alice Munro

Feminist Fight Club, de Jessica Bennett

El mundo deslumbrante, por Siri Hustvedt

Teoría King Kong, por Virginie Despentes

Una historia personal, de Katharine Meyer Graham

Feminismo para principiantes, Núria Varela

La dominación masculina, Pierre Bordieu

Profesionales del periodismo. Hombres y mujeres en los medios de comunicación.  Marisa García de Cortázar, María Antonia García de León.

10 ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía. June Fernández

El género en disputa, Judith Butler

Los hombres me explican cosas, Rebecca Solnit

Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin

Cerca del corazón salvaje, Clarice Lispector

El amante, Marguerite Duras

Mujeres tenían que ser, Felipe Pigna

The Power, Naomi Alderman

Fortunas del feminismo, Nancy Fraser

Wonder Woman, el feminismo como superpoder, Elisa McCausland

La guerra contra las mujeres. Rita Laura Segato

Quién quiere ser madre. Silvia Nanclares

You just don’t understand. Women and men in conversation. Deborah Tannen

Everyday sexism. Laura Bates

Fierce attachments, a memoir. Vivian Gornick

Las chicas, Emma Cline

Women and Power. Mary Beard

El acoso moral, Marie-France Hirigoyen

Lenguaje, poder e identidad. Judith Butler

El sentir de las mujeres, Nativel Preciado

Cómo ser una mujer y no morir en el intento, Carmen Rico-Godoy

What Happened, Hillary Rodham Clinton

El Segundo Poder, Margarita Riviere

La fantasía de la individualidad, Almudena Hernando

Nada, Carmen Laforet

Marilyn, Gloria Steinem

Bad Feminist, Roxane Gay

Sharp, The Women Who Made an Art of Having an Opinion, Dean Michelle

The Vagina Monologues, Eve Ensler

How women rise, Sally Helgesen

El ocio en tiempos del coronavirus

Foto de Retha Ferguson en Pexels

Los momentos de desconexión son sagrados para todo freelance que esté obligado a trabajar desde casa. No es un aspecto menor en esta cuarentena de teletrabajo masivo en la que vemos cómo se multiplican las recomendaciones de cultura.

Pocas cosas como sumergirse en la mente de un personaje, entrar en una historia y vivir otros escenarios para escapar durante una hora diaria del monotema. O levantarse cada día con una canción que nos levante el espíritu. La cultura como terapia social.

Desde el día uno de la cuarentena hemos visto cómo los artistas comparten sus obras y las editoriales ponen libros en descarga gratuita, quizás como una estrategia a la crisis que se les viene encima. Las plataformas de ventas de libros online ven un repunte notable. Creo que será uno de los cambios que veremos tras esta pandemia: es un abreojos para varios sectores que ven la conveniencia de una estrategia de procesos y distribución online y por primera vez entienden la necesidad de digitalizarse en serio. Ojalá.

Va una lista de libros y lecturas con acceso gratuito que voy encontrando en estos días.

Julian Marquina ha recopilado más librerías que se han unido con el hashtag #YoMeQuedoEnCasaLeyendo

Autores

Los de siempre

Otros

  • eldiario.es ha abierto el acceso a descargas de todas sus revistas
  • El grupo de revistas Hearst ha puesto acceso gratuito a todas las revistas del grupo previo registro en Kiosco y Más: Esquire, Men’s Health, Women’s Health, Runner’s World, ELLE, Diez Minutos, Harper ‘s Bazaar, Cosmopolitan, Car and Driver,, ELLEDecoration, ELLE Gourmet, Fotogramas, Casa Diez, Cocina Diez, De Viajes, Mi Casa, Nuevo Estilo, QMD y SuperTele.

Implementación del rediseño de Newtral.es con versión AMP

Hace menos de un mes lanzamos la nueva web de Newtral, que nos llevó varios meses de trabajo y debates con varios equipos referentes en lo suyo que trabajaron como uno solo. Hemos aprendido mucho de comunicación, de organización y de implementación.

Uno de esos equipos era el de Artesans, con Nuria Ramoneda y Javier López, que hicieron la implementación en WordPress. En el último Wordcamp que se hizo en Sevilla el 4-5 de octubre estuvieron contando cómo trabajaron para implementarlo, sobre todo la versión AMP, con una breve introducción a mi cargo donde tuve unos minutos para explicar las características de Newtral, sus contenidos y las exigencias que tenía un sitio web como el nuestro.

Leer en papel o no

La asociación entre verano y libros siempre me ha resultado un poco forzada. Esos artículos que recomiendan lecturas de verano, como si uno necesitara tiempo libre para leer. Viene bien, claro, no voy yo a decir que no. Pero creo que no conozco a nadie que lea tres libros más en unos meses si no tiene una adicción regular a lo largo del año.

Estos días he leído a Moeh Atitar y a Ramón González Ferris sobre el tema de la acumulación de libros y aquel debate tan recurrente sobre si es necesario dejar el papel. Hemos designado a las bibliotecas decoración necesaria de una casa que nos resulte familiar o de un huésped deseable (e incluso sexy), pero hay que aceptar que dedicamos muchísimo lugar a los libros, y esto en épocas en que el espacio que tenemos en casa cada vez es más escaso. Cuando he tenido que meter en una maleta mi vida para venirme a vivir a otro hemisferio he tenido automáticamente claro que muchos libros podían ocupar un lugar inamovible en mi alma pero no iba a ser posible trasladarlos toda la vida.

Conozco una persona que al darse cuenta de que normalmente no relee libros, sólo mantiene en su casa los libros que está leyendo en ese momento. Cuando los termina los regala o incluso los pone en la basura si no le gustan. Puedo entender la lógica de esto y aún así ese pensamiento me causa un inevitable escalofrío. Soy de las que no releo, pero aún así el marycondismo me asusta un poco. Nunca he contado la cantidad de libros que tengo en casa, y al leer a Ramón, que ha cifrado los suyos en una sana cifra de 2.500 he empezado a pensar si debería hacerlo.

Recuerdo pasar hace unos años por esta misma disquisición interna del papel-digital, aunque no me duró mucho. Coincidió con la llegada a mis manos del Kindle Paperwhite. Lo cito con nombre y apellido porque creo que es una de mis posesiones más queridas. Esta sí que es una máquina perfecta.

Tener un Kindle significó para mí una multiplicación exponencial de la cantidad de libros que leía, algo que ya he contado por aquí. El tener cientos de libros a mano, con la simplicidad del único click de Amazon para comprar (son muy listos en eso), y poder llevar literalmente esa cantidad de libros todo el tiempo conmigo hizo que mis horas de leer se multiplicaran automáticamente. Confieso ser de esas que va andando y leyendo el Kindle, pero sólo con libros que me gustan mucho.

Que nadie crea que he renunciado al derramamiento de savia innecesario. Suelo comprar libros de papel si me gusta la encuadernación, o si son de amigos. Hay libros que valen por su edición, porque el objeto tiene un significado emotivo especial, porque los recuerdos son dulces e invencibles. Y al regalar, regalo libros de papel, claro. Ramón cuenta ese momento tan bonito que es cuando has hablado de un libro con un amigo y puedes sacarlo de tu biblioteca y dárselo. Sabes perfectamente que estos libros muchas veces no vuelven pero no te importa demasiado, porque eso será que se han gustado.

¿Por qué nos gustará tanto hablar de libros? En la página de los libros que estoy leyendo voy apuntando los que termino, y en mi Goodreads están con la puntuación que les he dado.

Blog Widget by LinkWithin