Libros que leí en 2017

Las chicas, Emma Cline

Fierce attachments, a memoir. Vivian Gornick

El periodismo es un cuento, Manuel Rivas

The year of magical thinking, Joan Didion

La vida de un periodista. Ben Bradlee

You just don’t understand. Women and men in conversation. Deborah Tannen

Everyday sexism. Laura Bates

Boomerang. The Meltdown Tour. Michael Lewis

Quién quiere ser madre. Silvia Nanclares

Secrets and lies. Digital Security in a Networked World. Bruce Schneier

La guerra contra las mujeres. Rita Laura Segato

Poesía completa. Paul Auster

Capital erótico, Catherine Hakim

Obras completas, Oliverio Girondo

Wonder Woman, el feminismo como superpoder, Elisa McCausland

Cada mesa, un Vietnam; Enric González (editor)

20 poemas para ser leídos en el tranvía, Calcomanías, Oliverio Girondo

El violento oficio de escribir, Rodolfo Walsh

Poesía completa, Paul Auster

Fortunas del feminismo, Nancy Fraser

Fariña, Nacho Carretero

Los amores difíciles, Ítalo Calvino

Vigilar y castigar, Michel Foucault

La noche de la pistola, David Carr

The Power, Naomi Alderman

Los cínicos no sirven para este oficio, Ryszard Kapuscinsky

Mujeres tenían que ser. Felipe Pigna

El amante, Marguerite Duras

Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin

Cerca del corazón salvaje, Clarice Lispector

La sociedad que seremos. Belén Barreiro

Los hombres me explican cosas, Rebecca Solnit

La reinvención del New York Times, Ismael Nafría

10 ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía. June Fernández

El género en disputa, Judith Butler

La España vacía, Sergio del Molino

La dominación masculina, Pierre Bordieu

Profesionales del periodismo. Hombres y mujeres en los medios de comunicación.  Marisa García de Cortázar, María Antonia García de León.

Lean in, Sheryl Sandberg

Feminismo para principiantes, Núria Varela

Género y comunicación. Juan F. Plaza

Sapiens, de animales a dioses. Yuval Noah Harari

Una historia personal, de Katharine Meyer Graham

Chaos Monkeys: Obscene Fortune and Random Failure in Silicon Valley,  de Antonio Garcia Martinez

A sangre y fuego, por Manuel Chaves Nogales

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza

La guerra de las salamandras, Karel Capek

Teoría King Kong, por Virginie Despentes

La mujer loca, por Juan José Millás

Public Opinion, por Walter Lippmann

Habibi, por Craig Thompson

Blankets, por Craig Thompson

El ojo desnudo, de Antonio Martínez Ron

Feminist Fight Club, de Jessica Bennett

Patria, de Fernando Aramburu

El mundo deslumbrante, por Siri Hustvedt

Otros libros leídos en años anteriores se pueden ver en mi Goodreads

Libros que leí en 2016

Ha sido un buen año de lectura.

Política Moral, de George Lakoff

La sociedad de coste marginal cero: El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, de Jeremy Rifkin

Colapso, de Jared Diamond

En movimiento. Una vida, por Oliver Sacks

Los detectives salvajes, por Roberto Bolaño

De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère

En el principio… fue la línea de comandos, por Neil Stephenson

Mitologías, por Roland Barthes

Historias del calcio, por Enric González

La mujer rota, por Simone de Beauvoir

Las partículas elementales, por Michel Houellebecq

Historia y utopía, por Emile Cioran

Hablando del asunto, por Julian Barnes

Historias de Roma, por Enric González

Historias de Londres, de Enric González

Not that kind of girl, por Lena Dunham

Historias de Nueva York, de Enric González

Cómo me hice monja, por César Aira

Newpaper: cómo la revolución digital transforma la prensa, por Albert Montagut

Un antropólogo en Marte, por Oliver Sacks

El Peligro De Creer, de Luis A. Gamez

Una muñeca rusa, por Adolfo Bioy Casares

El descubrimiento de la Tumba de Tut-Ankh-Amon, por Howard Carter

Instrumental, de James Rhodes

Yes Please, de Amy Poehler

Alucinaciones, de Oliver Sacks

Armas, Gérmenes y Acero , de Jared Diamond

High Output Management, por Andrew S. Grove

Ready Player One, por Ernest Cline

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks

Una Habitación Propia, de Virginia Woolf

Si Me Necesitas, Llámame, de Raymond Carver

Alta Fidelidad, de Nick Hornby

Elon Musk, por Ashlee Vance

Bossypants, por Tina Fey

Coño Potens, por Diana Junyent Torres

On The Map: Why the world looks the way it does, por Simon Garfield

Los innovadores: Los genios que inventaron el futuro, de Walter Isaacson

Sociedades comparadas: Un pequeño libro sobre grandes temas, por Jared Diamond

¿Por qué es divertido el sexo?/ Why Is Sex Fun?, por Jared Diamond

Richard Yates, por Tao Lin (y cubierta de Javier Arce)

Open, memorias, por Andre Agassi

The Sense of Style: The Thinking Person’s Guide to Writing in the 21st Century, por Steven Pinker

Limónov, por Emmanuel Carrère

Laughable Loves, por Milan Kundera

Esto no es una historia de amor, por Jose A. Pérez

What If?: Serious Scientific Answers to Absurd Hypothetical Questions, por Randall Munroe

Bartleby, The Scrivener, por Herman Melville

Otros libros leídos en años anteriores se pueden ver en mi Goodreads

Libros que leí en 2015

Demasiada felicidad, por Alice Munro

Medicina sin engaños: Todo lo que necesitas saber sobre los peligros de la medicina alternativa, por J. M. Mullet

Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política, de Michael Ignatieff

Ja. La Ciencia De Cuándo Reímos Y Por Qué, de Scott Weems

La soledad de los números primos, Paolo Giordano

The Hell of it All, Charlie Brooker

La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza

Cosas que me contó un pajarito: Confesiones de una mente creativa, por Biz Stone

Cryptonomicon, de Neal Stephenson

Memes, de Jaron Rowan

How to Be a Woman, de Caitlin Moran

Bitcoin: La caza de Satoshi Nakamoto, de Preukschat, Busquet, Ares

Manual del ciberactivista digital, de Javier de la Cueva

La Naturaleza del Software, de Eduardo Díaz

Principios y algoritmos de concurrencia, de Ricardo Galli

Aprende Git: … y, de camino, GitHub, de JJ Merelo y Pablo Hinojosa

The Checklist Manifesto: How To Get Things Right, de Atul Gawande

Turing’s Cathedral: The Origins of the Digital Universe, de George Dyson

La Lengua De Las Matemáticas Y Otros Relatos Exactos, de Fernando Álvarez

La aventura del tocador de señoras, de Eduardo Mendoza

La Oculta, de Héctor Abad Faciolince

Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions, de Dan Ariely

Gone Girl, de Gillian Flynn

The Martian, de Andy Weir

When Computers Were Human de David Alan Grier

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Las cinco reglas de Botsford para editar un texto

Redacción de The New York Times, 1942. Fuente: Wikipedia

Las memorias de periodistas, escritores, corresponsales y demás fauna de los medios me fascinan. Gardner Botsford fue editor del New Yorker. En sus memorias, “A Life of Privilege, Mostly«, (Una vida de privilegio, en general), Botsford resume el trabajo del editor en cinco reglas, junto con algunas vivencias con las que todo el que haya cumplido funciones de editor en una redacción le resultarán muy fáciles de identificar con las propias. ¿Quién no ha tenido un Wechsberg?

 

A principios de 1948, la entrega de «Carta desde París» y «Carta desde Londres» se trasladó desde el domingo a un día más civilizado de la semana, y a mí me trasladaron con ella. Otra persona pasó a encargarse de las noches de domingo y empecé a dedicar la mayor parte del tiempo a editar largas piezas factuales: «Perfiles», «Reportajes» y textos de ese tipo. Seguí editando a Flanner y Mollie Panter-Downes –de hecho, a partir de entonces edité todo lo que cualquiera de los dos escribiese para la revista–, y también me asignaron a varios escritores de primera clase del New Yorker, con muchos de los cuales formé alianzas permanentes. Eso implicaba menos tiempo con los escritores de menor calidad con los que había empezado, los Helen Mears y Joseph Wechsberg. Helen Mears era una escritora olvidable; a Joseph Wechsberg lo recordaré siempre. Era un incordio, un Mal Ejemplo y un rito de paso para cada editor junior. Para empezar, era checo y en realidad nunca aprendió inglés. (Aquí hay una observación biológica de Wechsberg que he conservado intacta a lo largo de los años: «Sin los largos hocicos de los abejorros, los pensamientos y el trébol rojo no pueden ser fructificados».) Además, había empezado como escritor de ficción (ahora es más conocido, si es que se le conoce por algo, por algunos relatos que publicó en la revista antes de la guerra) y, cada vez que los datos que necesitaba resultaban elusivos, se los inventaba. Como su escritura estaba desvinculada de la gramática, el vocabulario y la cordura (ver arriba), podía escribir muy deprisa, y no había nadie más prolífico que él. Sandy Vanderbilt siempre decía que había editado más a Wechsberg que yo, y que había editado más a Wechsberg de lo que el propio Wechsberg había escrito, por culpa de una pesadilla recurrente en la que trabajaba en un manuscrito implacable e interminable de Wechsberg que seguía supurando por mucho que Sandy trabajara, pero cuando fuimos a la morgue y sacamos el archivo de Wechsberg, ninguno de los dos podía recordar quién había editado qué, o, para ser más precisos, quién había escrito qué. Lo que nos molestaba era que Wechsberg era inmensamente popular entre los lectores, lo que quería decir que nosotros éramos inmensa, aunque anónimamente, populares entre los lectores. Cuando llegaron algunos editores que eran todavía másjuniors que yo –Bill Knapp, Bill Fain, Bob Gerdy y un par de figuras más transitorias–, les asignaron a Wechsberg y yo quedé libre al fin. No totalmente libre, por supuesto.

Como la revista publicaba cincuenta y dos números al año, la mayoría de los cuales contenía (entonces) al menos dos piezas factuales, era demasiado esperar que los escritores de primera fila pudieran satisfacer esa demanda. Eso abrió la puerta a escritores de segunda línea y yo (como Sandy, Shawn y todos los demás) tenía que echar una mano. Era el tipo de trabajo que me llevó a una serie de conclusiones sobre la edición.

Regla general n.º 1: Para ser bueno, un texto requiere la inversión de una cantidad determinada de tiempo, por parte del escritor o del editor. Wechsberg era rápido; por eso, sus editores tenían que estar despiertos toda la noche. A Joseph Mitchell le costaba muchísimo tiempo escribir un texto, pero, cuando entregaba, se podía editar en el tiempo que cuesta tomar un café.

Regla general n.º 2: Cuanto menos competente sea el escritor, mayores serán sus protestas por la edición. La mejor edición, le parece, es la falta de edición. No se detiene a pensar que ese programa también le gustaría al editor, ya que le permitiría tener una vida más rica y plena y ver más a sus hijos. Pero no duraría mucho tiempo en nómina, y tampoco el escritor. Los buenos escritores se apoyan en los editores; no se les ocurriría publicar algo que nadie ha leído. Los malos escritores hablan del inviolable ritmo de su prosa.

Regla general n.º 3: Puedes identificar a un mal escritor antes de haber visto una palabra que haya escrito si utiliza la expresión «nosotros, los escritores».

Regla general n.º 4: Al editar, la primera lectura de un manuscrito es la más importante. En la segunda lectura, los pasajes pantanosos que viste en la primera parecerán más firmes y menos tediosos, y en la cuarta o quinta lectura te parecerán perfectos. Eso es porque ahora estás en armonía con el escritor, no con el lector. Pero el lector, que solo leerá el texto una vez, lo juzgará tan pantanoso y aburrido como tú en la primera lectura. En resumen, si te parece que algo está mal en la primera lectura, está mal, y lo que se necesita es un cambio, no una segunda lectura.

Regla general n.º 5: Uno nunca debe olvidar que editar y escribir son artes, o artesanías, totalmente diferentes. La buena edición ha salvado la mala escritura con más frecuencia de lo que la mala edición ha dañado la buena escritura. Eso se debe a que un mal editor no conservará su trabajo mucho tiempo, mientras que un mal escritor puede continuar para siempre, y lo hará. La buena escritura existe al margen de la ayuda de cualquier editor. Por eso un buen editor es un mecánico, o un artesano, mientras que un buen escritor es un artista.

Vía el blog de Fernando García Mongay

Libros que leí en 2014

2014

La brecha digital de género, de Iker Merchán

Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos, de Antonio Martínez Ron

Cuando Google Encontró A Wikileaks, de Julian Assange

Azteca, de Gary Jennings

The Glass Cage: Automation and Us, de Nicholas Carr

Computing: A Concise History (MIT Press Essential Knowledge), de Paul E. Ceruzzi

Manual de Periodismo de Datos Iberoamericano, editado por Felipe Perry y Miguel Paz

El pequeño libro rojo del activista en la red, de Marta Peirano

Free as in Freedom: Richard Stallman’s Crusade for Free Software, por Sam Williams (PDF gratuito)

Hatching Twitter by Bilton, Nick (2013)

On Writing: A Memoir of the Craft, de Stephen King

31 noches, de Ignacio Escolar

Thinking, Fast and Slow, de Daniel Kanehman

Cosmicómic, de Amedeo Balbi y Rossano Piccioni

Disparos, de Mario Tascón y Fernando Tascón

No Place to Hide: Edward Snowden, the NSA, and the U.S. Surveillance State, por Glenn Greenwald

The Undercover Economist Strikes Back: The Economy – A User’s Manual (English Edition), de Tim Harford

The Undercover Economist (English Edition), de Tim Harford

Nosotros caminamos en sueños, de Patricio Pron

The Signal and the Noise: Why So Many Predictions Fail-but Some Don’t, de Nate Silver

The Sopranos and Philosophy: I Kill Therefore I Am (Popular Culture and Philosophy), de Richard V. Greene

Precision Journalism: A Reporter’s Introduction to Social Science Methods, de Philip Meyer

Contra aquellos que nos gobiernan (La muchacha de dos cabezas), de Lev Tolstoi

Hackers: Heroes of the Computer Revolution – 25th Anniversary Edition, de Steven Levy

The Data Journalism Handbook, de Jonathan Gray, Lucy Chambers y Liliana Bounegru

Otros libros leídos en años anteriores se pueden ver en mi Goodreads

Resumen inevitable de 2014

2014-10-20 14.52.05

Es inevitable. No crees en la Navidad, pero llegan estos días y no hay más remedio que cerrar el año. Y aunque te niegues a hacer un resumen con la app de Facebook, el conteo ya lo has hecho. Ya has revisado tus fotos de este año, ya has pensado en lo que aprendiste con cada viaje, con algunas personas, con algunos reencuentros. Como siempre que las cosas siguen dando vueltas en tu cabeza, necesitas escribirlo.

Tu compañera de la sección de Cultura ya te ha preguntado por los libros que más te gustaron de este año. Repasé mi lista y ví dos cosas: este año también he leído libros que han cambiado mi cabeza en algo, he disfrutado mucho leyendo y he leído más. He abierto una página en el blog donde voy poniendo lo que leo. También he regalado más libros y seguiré haciéndolo. Quiero seguir leyendo sobre puntos de vista que no comparto y temas que no conozco. Tres de los libros que disfruté mucho este año fueron: Thinking, Fast and Slow, de Daniel Kanehman; The Signal and the Noise, de Nate Silver y The Undercover Economist, de Tim Harford.

Tuviste que repasar todos los temas que cubriste este año en Tecnología para que cualquiera pueda elegirlos en la app de Lo mejor de 2014; repasaste mentalmente tus diálogos con los redactores, tus entrevistas, las llamadas y los comentarios. Este año una ley que parecía demasiado absurda para pasar, pasó, y de la forma más retorcida, entre plazos justos un verano, sin avisos a la UE, con cambios de último momento y una opinión pública que se dio con ella a fin de año. Una ley que a día de hoy alimenta incertidumbre jurídica entre empresas, abogados y editores. A ver qué pasa en 2015.

Mientras tanto también escribimos sobre de criptología y seguimos de cerca a Snowden, hablamos con Greenwald, explicamos por qué hay programación para niños, hablamos de drones, de inteligencia artificial, de luces LED y de ebooks. Gracias equipo de Diario Turing: este año no hizo falta hablar mucho para entendernos, y gracias lectores, por seguir ahí y no dejarnos pasar ni una.

La organización de tus archivos te hizo volver a revisar carpetas de fotos y de screenshots. En las capturas de pantalla revisitaste muchas de un rediseño que iba cambiando, de detalles que había que corregir, de fuentes, de logos, de cabeceras nuevas de secciones y blogs que hemos abierto, de cambios en el sistema de comentarios. Un screenshot de Skype te recordó que hablaste con Malena Pichot sobre el humor sobre los desaparecidos, la fama, el standup y los miedos. Me acordé que a veces las entrevistas que parecen fáciles pueden ser las que más te cuesten. Junto a las fotos de tus viajes aparecieron las sonrisas de quienes te esperaban. Volvió la sorpresa de encontrarte a Roma en Mérida, las historias que te contaron en Chichen Itzá, el perfume de los tacos del DF, el calorcito de unos vinos en Toro, el Mediterráneo desde Valencia, Cartagena, Alicante, Barcelona.

Tuviste que acordarte de mucha gente que ha sido parte de tu 2014. De los que vuelven del pasado, de los que no están siempre como uno quiere, pero están; de los amigos con todas las letras, para los que no existen los doble check, ni las tonterías. Brindaste y te acordaste de gente con la que compartes muchas horas todos los días y agradeciste a tenerlos en tu vida, aunque no se los hayas dicho. Recordaste que nos hemos prometido abrazarnos más. Y muchas cosas más que uno no escribe en público y no importan al resto. Yo este año recordé, viajé, compartí muchas charlas, intenté disfrutar cada día, y se me ha pasado volando un año muy dulce.

Necesitas escribirlo y una vez que está puesto en letras, por qué no publicarlo, te preguntas. Felicidades, amigos.

How you fall in love

falling

You don’t fall in love like you fall in a hole. You fall like falling through space. It’s like you jump off your own private planet to visit someone else’s planet. And when you get there it all looks different: the flowers, the animals, the colours people wear.

[…]

And you can bring your friends to visit. And read your favourite stories to each other. And the falling was really the big jump that you had to make to be with someone you don’t want to be without. That’s it.

PS You have to be brave.

How you fall in love, and more deceptively simple yet profound children’s questions answered by scientists, philosophers, and writers 

 


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