Mujeres programadoras contra los estereotipos

Hace unos días estuve en Villaverde, en La Nave -este lugar tan diáfano de la foto- para ver cómo era un evento de data science con visión de género. El Call of Data consiste en charlas de expertas y un datatón, y está organizado por las R-Ladies.

Después de leer su código de conducta (échenle un vistazo) una se podría preguntar qué tiene que pasar en estos entornos para que estas medidas sean necesarias. Pero esa pregunta no llega, porque todas sabemos lo que pasa. No hace falta decirlo, y ellas ya conocen el ecosistema: hay tan pocas mujeres en carreras de informática que las que llegan se enfrentan a ambientes hostiles y terminan yéndose. Lo que sí saben es que aprenden mejor en entornos donde se fuerza al menos una paridad, y por eso cada vez hay más comunidades tech que promueven a mujeres para que aprendan programación, para que se animen a subir a un escenario a contar lo que saben, para que no tengan temor a ponerse un vestido si van a un evento tecnológico.

Hablé con ellas, con desarrolladoras de otras comunidades tech, con profesoras de universidad de estas carreras, con programadoras que llevan 20 años trabajando para diferentes empresas, con estudiantes de informática que organizan un evento tecnológico universitario multitudinario, con emprendedoras que trabajan con otras desarrolladoras para formar su propia startup, y todos tienen mucho para contar sobre esas cifras tan bajas de mujeres en carreras STEM. Esas cifras, los estudios que buscan explicarlas y los testimonios están en este reportaje que me ha publicado esta semana El PAÍS: Mujeres programadoras contra los estereotipos: adivina quién va ganando.

Balcony

Nan Robertson fue la periodista del New York Times que en su libro “The Girls in the Balcony” contó la historia interna de la lucha de las mujeres del Times por un tratamiento igualitario en el periódico. El balcón en cuestión está en el salón de bailes del Club de Prensa Nacional de Washington, que hasta 1955 prohibía a las periodistas mujeres entrar, y hasta 1971 unirse al club.

La única forma que tenía una reportera mujer de cubrir un discurso presidencial era ubicándose en aquel balcón sobre el salón. Así que cuando el presidente hablaba, las mujeres periodistas se amontonaban en ese pequeño espacio, entre los técnicos y los cables. Esas eran las chicas del balcón.

Dijo Michelle Bachelet una vez que cuando una mujer entra en política cambia la mujer, pero cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política. Si pensamos en medios de comunicación, quizás es lo que nos haga falta para volver a un periodismo inclusivo.

Un sector en el que el 47% de las periodistas son mujeres no puede tener un ratio de directivas que no llega al 20 %, por razones de productividad y eficiencia, y también de representatividad, de justicia.

Es necesario promover el liderazgo de la mujer en medios de comunicación.

Con este objetivo nace hoy un proyecto que lleva 2 años in the making: el Balcony Group. Está formado inicialmente por nueve periodistas, entre las que me han invitado a formar parte: Ana Pardo de Vera (directora de Público), Soledad Gallego-Díaz (directora de El País), Montserrat Domínguez (directora de revistas de PRISA), Pepa Bueno (Directora Hoy por Hoy –SER), Ana Romero (periodista y escritora), Charo Marcos (directora de Kloshletter), María Ramírez (Nieman fellow), y Mirta Drago (directora de comunicación de Mediaset), y yo. En la foto, algunas de ellas estamos en el balcón del salón de International Institute donde se hizo el panel de Liderazgo de Mujeres en Medios hoy, como un improvisado tributo a esas chicas del balcón que lo cambiaron todo en el New York Times.

Mujeres periodistas líderes se suman a la primera línea de la batalla por la igualdad (Público)

Facebook, tenemos un problema

Muchos quieren ver a Facebook arder. También a Cambridge Analytica, qué duda hay. Hay una fila masiva para poner en duda el triunfo de Donald Trump, y otra en Europa para cuestionar el del Leave en el Brexit. Pero el gran problema que se ha revelado esta semana excede a una sola compañía, por más grande que sea; a un solo presidente, por más que sea el del país más poderoso del mundo; y a un proceso político en la Unión Europea. Estamos teniendo un problemón con nuestra democracia, la privacidad y la libertad de nuestros ciudadanos. Todo eso junto y mezclado.

Explico por qué hoy en un largo análisis para El Huffington Post.

Cómo ser una chica en Internet

Sucedía tanto que ya no lo veías. En todos los eventos tecnológicos eras de las pocas chicas que andaba por ahí. Probablemente hubieses pensado que a las otras no les interesaban estos temas. Eso, si te hubieras preguntado por qué había tan pocas mujeres. Pero enseguida te hubieras dado cuenta de que no era eso. Lo peor no era la respuesta, lo tremendo era que no alcanzabas a hacerte la pregunta.

O te invitaban a mesas de chicas, y te sentías incómoda pero no terminabas de entender por qué, te decían que deberías estar agradecida de que te invitaran. El organizador al final era un tipo majo, había pensado en ti. Escribías en tu blog sobre eso y al publicar te sentías una ingrata despreciable. Otros también lo creían porque luego te caían críticas, y eso siguió sucediendo en otros congresos, más grandes, más importantes, más conocidos, pero ya no volviste a escribir sobre ellos para no dejarlos mal.

Yo me movía en un mundo que admiraba a Silicon Valley. No era impensable cuestionarlo, es que en algunos grupos de gente si no pensabas de esa manera, si no veías las cosas como ellos, estabas fuera.

En este número de La Marea, dedicado al #MeNeither (A mí tampoco), han planteado a varios hombres notables una serie de situaciones que a las mujeres nos son terriblemente familiares. ¿Alguna vez al expresar su opinión con firmeza le han recriminado que es un mandón? ¿Ha sido acosado sexualmente? ¿Suele sentir miedo al volver a casa solo de noche? ¿Cree que alguien asocia su éxito profesional a relaciones sexuales con mujeres con poder? Cada “no” que dicen es un flash que debería abrirnos los ojos y mostrarnos en qué consisten los privilegios de ser hombre todavía hoy.

En este número me preguntan por mi experiencia en entornos tecnológicos y me meto con el Mobile World Congress, pero sólo porque es un evento donde se pueden ver muchas de estas cosas más fácilmente, y también el más mediático y que más a mano tengo. Lo que cuento ahí sucedía tantas veces y en tantos otros congresos que era mi normalidad, hasta que un día decidí dejar de preocuparme por lo que dijeran y llamar a las cosas por su nombre, aunque no fuera cool.

En este número de La Marea: Cómo ser una chica en Internet

Sin excusas

El oficio de periodista trae incluido de serie el mito del reportero apostado bebiendo en un bar, o el reportero de guerra. Históricamente ha sido un oficio de hombres, sobre todo por la tardía incorporación de mujeres a la universidad y al trabajo. Estudios sobre la profesión hace casi 30 años señalan porcentajes bajísimos de mujeres en puestos directivos. Los encuestados, profesionales del periodismo, decían que esto cambiaría con el tiempo, aunque los mismos investigadores advertían tras unos años que ese cambio no estaba yendo lo rápido que debería.

Hoy tenemos las redacciones repletas de mujeres (más de un 60 % según la APM) y sin embargo seguimos con porcentajes de vergüenza de mujeres directivas: los hombres ocupan las tres cuartas partes de los cargos de máxima responsabilidad gerencial y dos terceras partes de los puestos de toma de decisiones sobre contenidos. Ni entramos en la brecha salarial. Esto tiene que cambiar. En estos momentos ya no hay excusas para las mujeres en las redacciones.

Escribí sobre el tema para Agenda Pública en el dossier sobre desigualdades de género de este 8 de marzo.

Invisible army

But why would she do that? Die to prove a point? Every great cause has martyrs.
Every war has suicide missions and make no mistake, this is war.
One half of the human race at war with the other.
The invisible army hovering at our elbow, tending to our homes, raising our children.
Ignored, patronised, disregarded.
Not allowed so much as a vote.
But an army nonetheless, ready to rise up in the best of causes.
To put right an injustice as old as humanity itself.
So you see, Watson, Mycroft was right.
This is a war we must lose.

— Sherlock s03e04 The abominable bride

Buscar la verdad, contar la verdad

En los medios nos hemos olvidado del objetivo de buscar la verdad. A veces escribimos para nuestros jefes, a veces para nuestra burbuja de seguidores de Twitter, a veces incluso escribimos para los lectores del medio en que escribimos. Pero no muchas veces nos atrevemos a dudar de nuestros sesgos.

Tengo la suerte de conocer a varios periodistas que llevan el oficio dentro. Los leo porque sé que los likes les dan igual, que ellos publicarán lo que sea necesario. Pero no es la mayoría. La verdad ya no es un objetivo para la mayoría. Contar los hechos es algo que hacemos, algunos por convencimiento íntimo, otros por costumbre, otros incluso por objetivo comercial: “hay que ser creíbles para construir una marca”.

Internet, el medio digital, nos enamoró desde el principio porque vimos allí en su anarquía, un espacio de libertad y de debate. Nos echamos a sus brazos y nos dejamos llevar por la impulsividad de las redes, por el avasallamiento de los likes, porque creímos que la verdad triunfaría sola, que todo era más transparente y que podríamos hacer un periodismo nuevo partiendo desde cero.

Pero ese espacio de libertad y debate tiene que ser protegido. Allí todo va muy rápido, y como hemos aprendido, también la mentira, también la manipulación, también el ansia de conseguir un par más de clicks y luego rectificaré.

Y los periodistas trabajamos con las prisas. Es más fácil coger una declaración, tira por ahí, hago una llamadita, y monto la URL. Pero hoy en nuestra sociedad hay temas que exigen que nos leamos un par de libros, que hablemos con expertos, que nos enfrentemos a nuestros sesgos y debatamos antes de publicar.

Todos estos matices y puntos de vista necesitan ser negociados, debatidos y defendidos dentro de una redacción. Si no tenemos redacciones donde todos seamos escuchados, si creemos que una redacción es sólo una empresa donde uno va, hace lo suyo y no se moja ni se implica, nos perdemos la ocasión del debate, la ocasión de cambiar lo que estaba mal.

Y cuando digo escuchar a todos, también me refiero a dejar trabajar a todos, a dar más poder de decisión a los periodistas.

¿Cuántas mujeres hay en las redacciones? ¿Y cuántas mujeres están tomando decisiones a alto nivel en esas redacciones?

Quizás la verdadera innovación no es sacar unos gráficos con una nueva herramienta. Quizás la innovación verdadera sea empezar a poner a más mujeres en puestos de mando, cambiar la forma de trabajar, abrir los despachos, escuchar más a nuestros lectores.

Como directivos tenemos que delegar más, confiar más en nuestros periodistas. Como periodistas tenemos que hacernos responsables de contar la verdad. Como primer objetivo. No podemos ser cómodos. No es un oficio para cómodos.

 

Estos son algunos apuntes que preparé para la charla que tuvimos en la I Jornada de Periodismo Responsable, Innovación y Libertad de la Información, organizada por la PDLI, ayer en Madrid, donde firmamos con otros medios el Decálogo para un periodismo responsable. La charla completa puede verse en este vídeo: 

 

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