Un director general de una agencia de bolsa explicó en una reunión en la que estaba Douglas Rushkoff que casi había terminado de construir su propio sistema de búnkeres subterráneos. Casi enseguida preguntó: “¿Cómo puedo mantener mi autoridad sobre mi fuerza de seguridad tras el evento?”. El “evento” es un eufemismo con el que estos multimillonarios llaman al colapso medioambiental, la agitación social, la explosión nuclear, la tormenta solar, al virus imparable o al sabotaje informático malicioso que vendrá a llevar todo al carajo. El problema es que creen que la única vía para huir de esto es el dinero y la tecnología. Y para unos pocos.
Douglas Rushkoff contó esta anécdota en su último libro, publicado en español por Capitán Swing, y se remonta a los primeros tiempos de internet para explicar cómo la relación de la tecnología con el capital cambió a partir del desplome de las puntocom, hasta llegar a una búsqueda ciega del crecimiento. El resultado es que la innovación tecnológica ya no se entiende tanto como una forma de ofrecer productos y experiencias mejores y más satisfactorias a la gente, sino más bien como otro medio de redoblar la dominación y la extracción.
Esta semana una serie de deepfakes, desnudos arficiales de menores no consentidos, han sido noticia desde Almendralejo, una localidad de 30.000 habitantes entre los que se conocen todos. Pero para mí quienes han sido la noticia han sido las madres, que reaccionaron rápidamente de la mano de una de ellas, ginecóloga, que no dudó en usar sus redes sociales para contar esto cuando su hija se lo contó. Esto hizo que un grupo de madres se organizase por Whatsapp para denunciar, y luego surgieran otras denuncias similares también en Alcalá de Henares (Madrid). Muchas de ellas, como me dijo Miriam Al Adib, la ginecóloga, oían la palabra deepfakes y se encontraban con la IA así de la peor forma.
La mayoría de medios en un primer momento enfocaron la noticia desde lo tecnológico, algún tuitero wanna-OSINT decía cuál era la herramienta, y otros daban detalles que para mí no son lo fundamental del caso. Muchos se preguntaban por el Código Penal, y pedían leyes específicas «para la IA», confundiendo varias cosas. Hablé con Borja Adsuara, un abogado que sostiene que esto no es necesario, así como no hace falta una ley que tipifique la ciberestafa para castigar una estafa.
Y recordé el estudio más amplio y más citado sobre los deepfakes, que fue llevado a cabo en 2019 por Deeptrace, a pedido de Sensity AI. Desveló que el 96% de los vídeos deepfakes eran pornográficos y no consentidos. “La pornografía con IA daña exclusivamente a mujeres” dice ese informe. Lo que es necesario es que nos demos cuenta de que la IA es una arma masiva de última generación al servicio de la violencia machista. Después de avisar a las chicas que no tienen que avergonzarse, y a los padres que deben denunciar, el mensaje más importante según Al Adib, debe ir hacia los chicos: «No me vale que estés en un Whatsapp grupal y te quedes callado. Todo eso también daña a las víctimas». Lo mismo piensa Adsuara, que me explicó los tipos legales que corresponden. Todo, enlaces, estudios y lo que me contaron, en este reportaje para Newtral.
¿Cuánto consume la IA? ¿Qué huella ecológica tiene? ¿Cuál es su impacto energético? Resolver estas preguntas es complicado por varias cuestiones, como que en primer lugar no hay información por parte de las empresas que producen algoritmos, a pesar de que estén todo el tiempo comunicando sus narrativas de éxito.
Otra de las cuestiones es que tendemos a tratar la IA como una sola tecnología, cuando son muchas herramientas, procesos, materiales, industrias, servidores, localizaciones. Los estudios publicados por las tecnológicas se dejan fuera las primeras partes del proceso (extracción de materiales y datos, entrenamientos), y los últimos datos de investigadores independientes que tenemos son de antes de la pandemia.
Una de las promesas de la IA es que viene a solucionarnos los grandes problemas del futuro, entre ellos el cambio climático. Pero ¿cuánto consume hoy? ¿y si cuando llegamos a la AGI ya no nos queda planeta? La IA promete ayudar contra el cambio climático en un futuro, pero su desarrollo actual puede estar haciendo un daño al planeta que su remedio no pueda arreglar.
“Nunca hemos hecho otra cosa que nuestro trabajo, y seguimos haciéndolo», ha dicho la Nobel de la Paz, periodista y responsable del medio de noticias Rappler, al salir del tribunal que la ha absuelto del último delito de evasión fiscal. La noticia significa una victoria para la libertad de prensa en el país, tras 10 años y 4 meses de juicio en un caso presentado bajo el gobierno del expresidente Rodrigo Duterte.
Durante estos años, el equipo de periodistas de Rappler ha investigado las ejecuciones extrajudiciales contra sospechosos de traficar o consumir drogas, y ha documentado la difusión de desinformación gubernamental en Facebook, informando sobre la corrupción y las malas prácticas de los principales asesores del gobierno de Duterte. La historia de una premio Nobel de la Paz que dirige Rappler, un medio que hace fact-checking, es la de una persecución judicial (en Newtral he contado en qué se basan y por qué piden el cierre de Rappler) que intenta cerrar un medio crítico con el gobierno con una serie de demandas, que poco a poco la Justicia filipina va desestimando.
Ressa es una persona que ha sostenido siempre la esperanza en el trabajo periodístico bien hecho. Cada vez que tenemos noticias de una victoria suya o de su equipo, da gusto buscar la foto de su sonrisa para la pieza. Esta ha sido la de esta semana.
Los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT o Stable Diffusion han sido posibles gracias a la extracción masiva de datos de la web pública. Varias demandas de los creadores de contenido se basan en el derecho de autor, mientras las empresas de IA argumentan que hay fair use, uso legítimo.
El scraping es una parte de la minería de datos, avalada por las leyes europeas, pero con excepciones. Hay muchas cosas a definir para saber si el movimiento de las empresas de IA al entrenar sus modelos con media web puede ganar las demandas. Entre ellas, dirimir si una IA «copia» o «lee», si «aprende» o «reproduce».
“Si un redactor del Wall Street Journal leyera artículos del New York Times sobre un tema y luego escribiera su propio artículo, siempre que sólo copiara hechos e información pero no la expresión, no habría violación de los derechos de autor. Entonces, ¿por qué habría una infracción en el caso de la IA?”, le leí esto a Jeremy Paul y enseguida lo contacté para que me explicase por qué entonces el New York Times está evaluando demandar también a OpenAI y por qué estos cerraron un acuerdo con Associated Press.
David Maeztu me dijo que si existe reproducción (copia de la obra en un soporte que permita la obtención de copias) no se puede copiar sin autorización del autor, así que sólo quedaba hablar un desarrollador que me explicase si en el entrenamiento o en el scraping hay copia o no. El resultado es este reportaje sobre el dilema del fair use en relación con la IA que hemos publicado en Newtral, y este artículo sobre el scraping y cuándo es legal.
España ha ganado el Mundial de fútbol. Lo han ganado sus mujeres, y debería ser una noticia que acapare todas las portadas. Pero la verdadera noticia es que ha estallado un #MeToo en España, otra gota que colma un vaso o un barril. Este se llama #SeAcabó. Hay muchísimas expresiones de esto en prensa y redes sociales, pero intentaré resumirlo para amigas de otros países que me lo han preguntado en varias charlas este fin de semana.
En la ceremonia al recoger el título, el comportamiento del presidente de la Federación Española de Fútbol ha llamado la atención, pero lo que se ha hecho viral ha sido el «beso» que propinó a Jennifer Hermoso, una de las jugadoras (vídeo). Un acto claramente no consentido, cuando ella así lo deja claro en un directo inmediatamente después desde vestuarios, cuando le muestran el vídeo: «No me gustó, mírame ¿qué iba a hacer?».
Horas más tarde, ante la cantidad de comentarios en redes sociales sobre ese acto, Rubiales pide unas disculpas con la boca pequeña en un vídeo grabado desde Doha, en la escala del avión desde Sidney. Luego supimos que había presionado a la jugadora y a su familia para que saliera también en ese vídeo, y que las declaraciones que había difundido la RFEF en un comunicado no eran de Hermoso. El ministro de Cultura y Deporte de España, Miquel Iceta, advirtió el miércoles que si la RFEF no tomaba medidas, lo hará el Consejo Superior de Deportes (CSD).
El gran shock sucedió el viernes, en la asamblea extraordinaria que había convocado la RFEF, ya que la tarde anterior las informaciones de varios medios apuntaban a que Rubiales iba a dimitir. En un discurso que pasará a la historia del machismo en el siglo XXI en España, Rubiales gritó que no iba a dimitir, además de hacer alarde de su poderío en la RFEF, multiplicando el sueldo en directo de directivos, enseñándole a sus hijas lo que era el «verdadero feminismo» (sic) y describiendo el abuso del beso casi como si el acosado fuera él.
Al día siguiente, la FIFA que había abierto un expediente disciplinario suspendió a Rubiales. Isabel Valdés escribió: «Nada, hasta ahora, había podido con Luis Rubiales como presidente de la Real Federación Española de Fútbol: ni las acusaciones de malversación, ni las de cobrar comisiones, ni las denuncias por usar el dinero del organismo deportivo para pagar orgías, ni las de beneficiar a terceros de forma ilegal, ni la reivindicación de las 15 jugadoras el pasado año por las desigualdades y el trato».
Las reacciones, en el país y en todo el mundo, se siguen sucediendo. Por fin ha llegado el #MeToo a España: se llama #SeAcabó. Mamen Hidalgo, que viene contando desde hace meses en Newtral cómo han luchado estas mujeres del fútbol por sus derechos, lo vio claro desde un primer momento: «Esto no va de Rubiales, esto cuestiona toda la institución del fútbol en España».
En estos días no se ha hablado de otra cosa en mis chats. Ese discurso de Rubiales fue absolutamente pedagógico: está concentrado todo el patriarcado en unos minutos. Estas explosiones de feminismo suelen servir para que todas y todos abramos los ojos: unas (¡tantas!) recordando e identificando abusos -siempre vuelve a llamarnos la atención cómo los hemos normalizado. Otros, para preguntar a veces sobre temas feministas, siempre para entender que no hay tolerancia posible a una sociedad enferma.
Unos hechos ante los que se entienden muy claramente las palabras que hemos leído a autoras feministas y que hemos volcado en pancartas en las calles:
El consentimiento viciado por una relación de poder no es consentimiento
Las agresiones y los abusos no se tratan de sexo ni de deseo, sino de poder.
Queremos ser libres, y no valientes
No son enfermos, son hijos sanos del patriarcado
El feminismo cuestiona de raíz todas estas instituciones rancias y derechos de pernada: viene a cambiarlo todo. ¿Cómo no van a temer algunos a las feministas?
El autoproclamado absolutista de la libre expresión, Elon Musk, ha cumplido su amenaza de la semana pasada al Center for Countering Digital Hate (CCDH), y les ha demandado. A este centro de investigadores que publicó estudios sobre el aumento de los discursos de odio en Twitter les echa la culpa de «ahuyentar a sus anunciantes», que han descendido en un 50% desde que llegó él a la dirección.
Pero los cargos son por temas contractuales y por scrapping de datos. Las 23 páginas de la demanda y todo lo que hemos averiguado están publicadas ya en Newtral. Algo curioso, el email de prensa de Twitter, el mismo que decían que estaba automatizado para mandar un emoji de caca [💩], nos ha enviado una respuesta decente.