Ofiuco no cambia nada

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Lo confieso, me encantaba que hubiera aparecido Ofiuco porque esto significaba la prueba definitiva para rebatir a quienes creen que el horóscopo regula nuestras vidas. Pero hoy me he dado cuenta de que la falta de pensamiento crítico ha calado mucho más hondo, cuando al hablar del tema con alguien tras decir: «qué horror, hemos vivido todos estos años engañados», ha agregado: «voy a tener que leer toda la astrología otra vez».

Ofiuco ha sido anunciado como un descubrimiento astronómico que obliga a los astrólogos a incluir un nuevo signo en el Zodíaco, como si astrología y astronomía estuvieran relacionadas, cuando no lo están, por lo menos desde hace varios miles de años. Y titular que un descubrimiento de la ciencia cambiará nuestras vidas siempre es efectista y parece que hasta puede crear una crisis de identidad en miles, millones de personas. Pero si escuchamos lo que dice Javier Armentia, astrónomo y director del Observatorio de Pamplona, nos damos cuenta de que no es así:

Todo esto no cambia nada, pero principalmente porque no hay nada que cambiar. La astrología, por más que sea una creencia y un sistema de adivinación antiquísimo, no tiene nada de realidad: ni el carácter ni los sucesos vienen determinado ni influidos por las posiciones de algunos astros en una proyección ideal del cielo que se veía hace unos 4.000 años.

Esto es lo realmente relevante, lo que se sabe desde hace mucho, y lo que casi nunca se recuerda en los medios de comunicación. Por cierto, responsables también de que el horóscopo y la astrología siga siendo algo popular en nuestros días.

El artículo merece una lectura completa, y también de ahí antes de que pasemos a los comentarios, recomiendo el kit de defensa antiastrológica.

Imagen: Ophiuchus por Amy Crook

La delgada línea

Leo un interesantísimo artículo de Antonio Martínez Ron llamado No estás muerto hasta que estás caliente y muerto (vayan ya y léanlo), que dice entre otras cosas:

Pero lo que mejor han aprendido los expertos es que el frío difumina la fina barrera que separa la vida y la muerte. Desde el punto de vista de la Física, el frío no es más que inactividad, o mejor dicho, ralentización del movimiento. Si alcanzáramos el cero absoluto, la actividad atómica cesaría por completo y no habría movimiento alguno.

Y por eso mismo se está investigando cómo las personas congeladas, podrían «volver» a la vida. Digo volver con comillas porque aparentemente la vida no se «fue» a ninguna parte, o ¿se fue y volvió? Compartí este artículo y un médico se preguntaba por la mente de esa persona… qué experiencias tendrá a «la vuelta». Qué cerca está la ciencia de tocar la vida y la muerte, de atrapar ese soplo y que sin embargo siga siendo mágico el momento en el que la vida se produce o se pierde para siempre.

Por cierto, Mark Roth, el científico citado en el artículo, habló en TED y aquí se puede ver su charla:

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