Google apoya nuestro proyecto en eldiario.es

Redacción de eldiario.es

Nos enteramos hace unos días y no podíamos aguantar la alegría. Google, en su programa Digital News Initiative, ha decidido apoyar nuestro proyecto junto con otros 127 entre más de 1200 de toda Europa. Han sido varios meses en los que varios del equipo hemos estado muy dedicados a darle forma para presentarlo y por eso estamos muy felices.

El proyecto se basa en el modelo de socios que tenemos, para profundizarlo y aprovechar la experiencia de 3 años construyendo nuestra comunidad. El apoyo financiero nos servirá para crecer aún más y poder hacer realidad muchos proyectos en eldiario.es.

Google, en su comunicado, menciona la propuesta de eldiario.es especialmente con la que se sienten «particularmente orgullosos» de colaborar porque «demuestra una forma de pensar diferente en la práctica del periodismo digital». Google no intervendrá técnicamente en el proyecto ni tendrá contraprestación por parte de eldiario.es. Y nuestro proyecto implica también a abrir la oportunidad a que otros medios puedan usarlo y beneficiarse de este modelo, para tener mayor independencia editorial. Tocan meses de mucho trabajo y esperamos darlo todo. Estamos un poco acojonados. Pero allá vamos.

No neutral editors

One’s expectations of fairness and fullness have transferred from editors and producers and their products to engineers and developers and their products. The trick, this time around, is that these products are designed in such a way to reflect such expectations back to the user: we are persuaded that our feeds are our fault, which minimizes the systems through which they are continuously created. (Don’t blame us! Your feed is made of your choices. Choices you make within a framework that we’ve built!) Neutral editors or publications were always an illusion. They’re people, or made of people! Neutral feeds are an even trickier one. They’re the products of systems. Systems designed by people.

Access Denied, by John Herrman

Cobertura del Volkswagen scandal en prensa española y francesa

El día en que se cumplió un mes desde que comenzara el Escándalo Volkswagen yo quería probar PageOneX, una herramienta para comparar el espacio que se da en portada a una noticia, y este me pareció buen tema para saber cómo había tratado la prensa un caso de fraude contra una compañía que se gasta un buen presupuesto en publicidad en medios.

Las cifras del Dieselgate hacen que el caso pueda ser catalogado como uno de los mayores fraudes al consumidor de los últimos años, por la cantidad de dinero, unidades implicadas y alcance internacional. Su relevancia informativa también se deriva de la importancia que tiene esta empresa en la economía de varios países europeos.

He comparado la cantidad de espacio que se le otorgó a este tema en portada en los principales diarios de tirada nacional en papel en dos países europeos, España y Francia, donde se han vendido 700.000 y un millón de vehículos trucados respectivamente. Un dato para el que no quiera leer hasta el final: el día de mayor cobertura, 41,5 % en la prensa francesa analizada mientras la española no llegaba a un 15 % de espacio en sus portadas de papel. Son datos del análisis que hice con PageOneX, limitados a unas pocas cabeceras y sólo en papel: 240 portadas en total. Los detalles del estudio están más abajo.

El Dieselgate

El llamado Dieselgate o Escándalo Volkswagen comenzó el 18 de septiembre cuando la EPA, una agencia del gobierno de los Estados Unidos encargada de hacer cumplir las regulaciones que afectan a la salud y el medio ambiente, acusó al Grupo Volkswagen de haber metido un software en sus vehículos diésel que les permitía alterar su funcionamiento cuando estaban pasando los controles técnicos de emisiones contaminantes.

Según la EPA, estos vehículos emiten hasta 40 veces el límite legal de óxidos de nitrógeno. Se estima que este programa funciona actualmente 11 millones de coches en todo el mundo. La multa que puede tocar pagar a la compañía, sólo en Estados Unidos, donde hay 500.000 coches afectados, es de 37.500 dólares (33.661 euros) por coche. Las acciones llegaron a caer un 25% en un solo día después de conocerse el escándalo.

La crisis internacional de la marca, que comenzó a ser investigada en varios países, se cobró la cabeza de su CEO Martin Winterkorn, y tres directivos más. El escándalo puso sobre la mesa los altos niveles de polución emitidos también por coches de otros fabricantes, y un estudio mostró desviaciones de los límites en la conducción real de Volvo, Renault, Jeep, Hyundai, Citroen y Fiat. Volkswagen ha sido de forma ininterrumpida, durante dos décadas, el mayor productor de automóviles de Europa y estuvo muy cerca de ser el mayor vendedor mundial en 2014, sólo por detrás de Toyota.

Qué comparé

Analicé las portadas de papel durante un mes desde el 18 de septiembre de 4 diarios españoles de tirada nacional. De ellos, 3 generalistas (El País, El Mundo y ABC) y uno económico (El Economista) para ver la comparación. Luego hice otro análisis con las portadas de los diarios franceses (Le Figaro, Le Monde y Liberation) y también uno especializado en Economía, Les Echos.

Las portadas de los digitales pueden ser muy cambiantes (en eldiario.es en un día normal podemos tener 50 versiones), y esta herramienta no las tiene, porque su base de datos se nutre de kiosco.net, así que no los he incluido. Me hubiera gustado tenerlas y pienso que no debería ser muy difícil incluir un parámetro en la herramienta que haga un screenshot de determinadas páginas home cuando se modifican (sugerencia para PageOneX).

Qué muestran los gráficos

El primer thread que hice muestra la cobertura del dieselgate de los diarios españoles:

 

– El Economista y El País sacaron la noticia por primera vez en portada el 22/9, un día antes que el resto, aunque bastante pequeña en superficie.

– El tema recibe la máxima cobertura en el conjunto de la prensa analizada al día siguiente, el 23, donde entre todos no llega a un 15 %.

– ABC nunca consideró que este tema mereciese estar en portada.

Comparación con la cobertura del dieselgate en diarios franceses:

 

El primer vistazo muestra que en los periódicos franceses comparados la cobertura es mayor.

– Todos los periódicos decidieron llevar el tema en portada varios días. El que menos, Liberation, que sin embargo le dedica dos portadas monotema como es su estilo gráfico: elige sólo uno o dos temas para cubrir toda su portada.

– El resto también deciden que este tema abra portada varios días: Le Figaro y Le Monde (3), Les Echos (5).

– Además de ser el que más lleva el tema abriendo en portada, Les Echos es el primero que saca la noticia el día 21. Al día siguiente se suma Le Figaro y el 23 y el 24 son los días en que mayor cobertura recibe el Dieselgate en portada, ocupando respectivamente un 41,5 % y un 37,9 % de media del área de cobertura conjunta. Es decir que durante dos días el dieselgate ocupa un 40 % en portada, contra el 15 % del día en que más cobertura consigue en la prensa española.

[Actualización 25/11] Como tuve algunas dudas en los números que arrojaba la herramienta consulté con PageOneX que me confirmaron que hay un bug que duplicó las capas de algunas de las portadas que yo había seleccionado, por lo que la superficie era mayor. Por lo tanto rehice la selección y corregí los porcentajes. Aún así el espacio dedicado en las portadas francesas supera en unos 25 puntos más a las españolas.

@numeroteca ha puesto todos los datos en una sola hoja de cálculos aquí. (Gracias)

Qué es «producto» en un medio digital

Relaxing cup

El jefe de producto o Product Manager es una posición muy conocida en startups y empresas tecnológicas, pero no tanto en medios. Supongo que como las redacciones tradicionales han tenido que adaptarse a un profundo cambio estructural y de mentalidad al transformarse al medio digital, la figura de un director de Producto, o Chief Digital Officer como también se le llama, es cada vez más conocida en medios nuevos.

Cuando hablé con el director de eldiario.es la primera vez antes de entrar, me dijo que estaba pensando en mí para este puesto, que necesitaba un perfil no técnico pero que pudiera hablar el lenguaje de los desarrolladores, que pudiera entender a los comerciales sin dejar de ser periodista. Una mujer-puente, esa soy yo. Disfruto mucho de ser enlace entre las distintas áreas porque me permite un ejercicio constante de flexibilidad, búsqueda, argumentación y ejecución, y me gusta tener el big picture en mente.

Mi descripción de funciones es la de coordinar y ayudar a mejorar los procesos entre las tres grandes áreas de eldiario.es. En aquel momento venía de una startup en la que como socia desempeñé casi todos los puestos (dirección de contenidos, contabilidad, administración, recursos humanos, relaciones públicas, temas legales, por decir sólo algunos, cualquier emprendedor me entenderá); después de eso no necesité más explicación para saber cuál era mi tarea en un medio digital.

Con el crecimiento de nuestra organización, surge la necesidad de explicar qué es «Producto» a las nuevas incorporaciones. Curiosamente quienes vienen de medios tradicionales o de la universidad de periodismo no conocen este puesto, que a cualquier persona que venga de startups tecnológicas o medios nuevos le suena.

El producto en una empresa como la nuestra es uno y es múltiple. La cabecera o la marca del diario, cada uno de los especiales informativos que lanzamos, las secciones, los blogs, la revista trimestral en papel que sacamos en kioscos, cada uno de ellos son productos, y aunque tienen responsables individuales, deben ser cuidados y desarrollados en relación con el «gran» producto que es eldiario.es para nuestros lectores.

Algunas habilidades clave de los perfiles de producto son: la capacidad de tener una visión más grande que el producto en sí, el foco que deben poner en algo para entender cómo lograr su ejecución en los detalles, habilidades comunicativas para saber construir una narrativa en la que encajen todos los equipos de diferentes áreas y la capacidad de cambiar rápidamente, reconocer errores y tomar decisiones rápidamente cuando detectan fallos.

Cómo es mi rol en eldiario.es

Otra de las formas en que explico mi función cuando me preguntan, es con ejemplos: el comercial se encarga de vender anuncios y su objetivo es ingresar dinero, el objetivo de la redacción es producir piezas periodísticas, los desarrolladores llevan todo lo relacionado con el sistemas informáticos, ¿quién va a mirar por el producto en sí que llega al lector cuando pueda haber vacíos o conflictos entre un área y otra?

En pocas palabras, ¿quién mira por entregar día a día la mejor selección de noticias en un soporte útil, cómodo, que esté en línea con lo que nuestros lectores, anunciantes y nosotros mismos queremos hacer, en base a nuestros principios? Allí estoy yo, tanto si es como para señalar la forma de mejorar un proceso de trabajo, como pedir recursos o participar en procesos de selección de personal.

Miro métricas hacia adentro, busco tendencias hacia afuera y escucho a nuestros lectores-usuarios. También hablo con las terceras partes que nos ofrecen servicios para incorporar tanto interna -para mejorar nuestros procesos- como externamente -de cara al producto que ofrecemos-, reviso acuerdos con ediciones y colaboradores externos y en general superviso la puesta en marcha y el desarrollo de nuevos productos (apps, versiones móviles, especiales informativos, campañas, etc).

Si determinados contenidos no están llegando bien a los lectores (por un problema de diseño, o de funcionalidad, o de calidad en los gráficos) yo me encargo de escuchar a las partes y proponer ante la dirección los nuevos procesos, herramientas o recursos para gestionar ese cambio; hablo con diseñadores, desarrolladores, jefes de sección y gerencia.

Si un anunciante quiere una fórmula diferente de las establecidas, el comercial me la mostrará y juntos veremos si es factible, teniendo en cuenta recursos, usabilidad para el lector y principios y políticas de nuestro medio. Todo parece mucho y lo es, pero también es responsabilidad del jefe de producto saber qué priorizar, saber delegar e ir pivotando entre lo que se necesita a cada momento.

Probablemente escriba más sobre este tema en el blog porque a partir de septiembre voy a enfocar todo mi tiempo en Producto. Hasta ahora también llevaba la sección de Tecnología de eldiario.es, Diario Turing, que dejaré en buenas manos, aunque no me resistiré de vez en cuando a escribir algo. Cada vez crecemos más y necesitaré más horas para Producto.

Empresas que están innovando suelen tener a figuras activas en estos puestos, que a veces comparten lo que aprenden. Pablo M. Fernández, de Chequeado, hizo una buena recopilación de blogs que hablan de producto y Ezequiel Apesteguía (jefe de producto en Artear) puso los suyos en un pastebin. Hay muchos y muy buenos product managers, jefes de desarrollo de producto o directores de innovación, dependiendo de cómo le llamen en la empresa, trabajando en estas áreas en empresas en España y en América Latina. En su blog, Silvia Cobo suele a entrevistar a gente que está innovando en medios periodísticos. Si conocen más blogs sobre Producto, pueden dejarlos en los comentarios.

Qué hace un jefe de producto

Producto, según Dan Schmidt

 

Por si «trabajar en internet» no fuese ya esa frase que hace que la gente te pregunte una y otra vez en qué trabajas, desde hace 3 años tengo uno de los puestos con descripciones más difíciles de definir: Producto.

Muchas veces lo defino en corto como «trabajo interdisciplinariamente con las 3 áreas de nuestra empresa: redacción, desarrollo y comercial» y observo varias caras en mis interlocutores: van desde «pobre, tú eres la que se encarga de que todo funcione» a «qué interesante».

El rol del Product Manager o jefe de Producto varía de una empresa a otra, principalmente porque hay diferentes tipos de productos, estructuras y organizaciones de diferentes magnitudes; aunque en todos los casos es una posición clave y la responsabilidad del producto final cae en su figura.

Al encargado de producto se le llama también «mini-CEO«, en parte porque su visión debe coincidir con la de la dirección y porque su rol es estar donde se necesite según la circunstancia y necesidad del producto. Las diferencias no sólo varían de empresa a empresa, también los roles de este puesto pueden cambiar, dependiendo de las necesidades de la organización. Los jefes de producto operan en escenarios cambiantes y una de sus habilidades es saber reconocer lo que esos cambios significan para el producto y para su propio rol.

Todos sabemos ya que las ideas no valen mucho y que lo verdaderamente duro es lograr que salgan adelante, pero somos los jefes de producto quienes trabajamos bajo ese mantra a diario. Con una visión más amplia que la de un encargado de proyecto (un project manager), la persona de producto se encarga de construir puentes entre lo general (por ejemplo la visión de la empresa) y lo específico y concreto (como por ejemplo los requerimientos funcionales de una web).

Este puesto no es especializado sino interdisciplinar y por eso los llamados perfiles híbridos son los mejores para llevar producto. Una de las características del product manager es que nunca «toca» el código o el diseño -por ejemplo, si hablamos de un medio digital- sino que es responsable del producto integral.

«Un jefe de producto es responsable del funcionamiento sano de todas las regiones en la red de producto», dice Daniel Schmidt, que dibujó un diagrama para explicar qué es Producto (arriba) y cuáles son los roles y responsabilidades de alguien con este puesto. Recomiendo la lectura de su blog si les interesa el tema, y más adelante escribiré más sobre a qué se considera Producto cuando hablamos de medios digitales.

Redacciones

NYT_News_Room_Pulitzer_speech_2009

“Tengo a esta redacción el amor que tiene un inmigrante”. Algo así dice David Carr en Page One, el documental sobre el New York Times, que es también un documental sobre estos tiempos en la prensa. Cómo no identificarme con esa frase, cuando el periodismo que uno hace es un privilegio, cuando llegar a una redacción como la mía es un premio cada lunes.

Cuando terminé mi carrera, tras años de prácticas y muchas entrevistas frustrantes decidí que si el periodismo no tenía nada que ver con internet no me interesaba. Tras años de proyectos digitales propios e impropios y freelancear a gusto y disgusto, encontré una redacción, nada tradicional pero muy periodística, donde se hace periodismo a pesar de todo. En mi lista de mis lugares favoritos del mundo -no lo dudo ni un momento- una redacción está entre los primeros.

Carr también dijo:

The dirty secret: journalism has always been horrible to get in; you always have to eat so much crap to find a place to stand. I waited tables for seven years, did writing on the side. If you’re gonna get a job that’s a little bit of a caper, that isn’t really a job, that under ideal circumstances you get to at least leave the building and leave your desktop, go out, find people more interesting than you, learn about something, come back and tell other people about it—that should be hard to get into. That should be hard to do. No wonder everybody’s lined up, trying to get into it. It beats working.

Foto: Nycmstar

Videla y el retorno del pasado inconcluso en Argentina

Transcribo un artículo que escribí en 2001, cuando aún no tenía blog. En ese año había terminado  mi tesis de grado, que trataba sobre la relación de la memoria colectiva con la identidad de un país, e  incluía un análisis del discurso de tres periódicos argentinos a una noticia, la de la detención por primera vez de un exdictador por un delito cometido durante el último gobierno de facto en Argentina.

Para resumir de alguna manera ese trabajo, redacté este texto con cierto formato periodístico, para que amigos y compañeros que querían leer lo que había escrito no tuvieran que tragarse todo el corpus de la tesis.

Envié el artículo a La Voz, que nunca lo publicó, y luego quedó perdido en unas hojas que acabo de descubrir en una carpeta vieja. Dejo el texto en este blog, aunque sólo sea por tenerlo a mano en cualquier momento, consciente de los años que han pasado y la transformación que ha traído la política de los Kirchner en torno a los temas de memoria en Argentina. De alguna manera en este artículo ya empezaba a hacerse visible como próxima etapa de un país que hasta ese momento había negado todo debate sobre hechos dolorosos de su pasado reciente.

Tapa de Página 12 el día de la detención de J. R. Videla por robo de bebés durante la dictadura.
Tapa de Página 12 el día de la detención de J. R. Videla por robo de bebés durante la dictadura.

 

Videla y el retorno del pasado inconcluso en Argentina

En junio de 1998, el expresidente de facto, Jorge R. Videla, era detenido en un caso por secuestro de bebés nacidos en cautiverio. Los medios de comunicación, reflejando la actitud de la sociedad entera, reaccionaron con sorpresa ante la notica. Después de dos décadas de lucha por parte de muchos organismos internacionales de derechos humanos, por primera vez parecía firme la posibilidad de encarcelamiento de un exdictador.

En ese momento, diversas hipótesis poblaron las páginas de los diarios y las pantallas de los informativos. Se habló de una maniobra del juez Marquevich relacionada con sus vinculaciones políticas, y de la imagen que quería revertir el presidente Carlos S. Menem en materia de derechos humanos. Hubo pocas alusiones a la lucha ininterrumpida de las organizaciones de derechos humanos, al pasado argentino, a la Justicia que significaba ese hecho histórico, en aquello que por su novedad no se llegaba a medir como el comienzo de esta nueva etapa en el debate por los derechos humanos a la que asistimos actualmente.

Hoy no podemos medir como en ese momento el efecto del asombro que provocó esta noticia, porque Videla sigue arrestado, y otros hechos más recientes, como la detención de Pinochet en Londres y las citaciones a prestar declaración indagatoria por parte de los participantes en el aparato represivo de los setenta en el marco de numerosas causas judiciales han sido noticiados en los medios masivos de comunicación, lo que hace que en este momento se pierda algo del impacto que portaba la noticia originariamente.

Pero al momento de la detención de Videla (quizás el presagio de esta etapa signada por la apertura -pequeña y condicionada- del debate público que tiende al inconcluso relato colectivo de los años del Proceso), ante la sorpresa, cada medio de comunicación reaccionó de la forma en que mejor creía que debía ser instalado este tema. Quizás porque no había tiempo de comparar parámetros, quizás ante la urgencia de tratar la noticia, cada medio construyó la noticia desde las impresiones de sus periodistas desde lo que las líneas editoriales dictaban.

Es así que, por ejemplo, al día siguiente de la detención, La Nación inició una secuencia de titulares que durante 11 días procurarían darle relevancia al «clima militar» más que a otros aspectos de la noticia de la detención.

A partir de un estudio titulado «La noticia sobre la detención de J. R. Videla, según Clarín y La Nación» llegué a conclusiones interesantes, algunas de las cuales son vertidas en esta nota. En La Nación, de un total de 21 titulares continuados cronológicamente, todos ellos plantean como una cuestión de importancia dentro del esquema narrativo el tema de la situación psicológica militar. Incluso el vocabulario utilizado por este diario para referirse al tema era anacrónico: expresiones como «clima psicológico del Ejército», o «enrarecimiento del clima militar» remiten a épocas en las que la ciudadanía mantenía su atención sobre la evolución del ánimo y sobre las decisiones de las Fuerzas Armadas, que afectaban considerablemente la vida política de La Nación.

En Argentina, por su dolorosa historia de dictaduras comandadas desde el poder militar, se conserva en el inconsciente colectivo cierta sensibilidad al recuerdo de épocas donde el clima, la inquietud o el malestar militar se transformaban en crisis militares y luego en golpes de estado. Pero en estos años en los que la ideología de la globalización (sin ser admitida como tal) se impone por su capacidad de intrusión, a ninguno de los grupos poderosos conviene la recesión y la ideología nacionalista de un golpe militar. La democracia, admitidas sus imperfecciones, se ha erigido como la única forma de gobiernos triunfante en la práctica del libre mercado. Se suma a esto el hecho de que el movimiento por los derechos humanos ha sumado adhesiones masivas en la opinión pública mundial y varios gobiernos europeos presionan a Argentina para que aporte datos sobre los delitos cometidos durante la dictadura de 1976-1983 y se extraditen exmilitares para ser juzgados en esos países.

Videla en La Nación

En este contexto es en el que La Nación advertía en su portada: «Teme el Gobierno los efectos del caso Videla» (13 de junio de 1998), «Balza planteó al Gobierno la preocupación militar» (14 de junio de 1998), «Un caso de impredecible desenlace» (15 de junio de 1998), «Preocupa a Menem el clima en las FF.AA.» (16 de junio de 1998), «Pese a todas las desmentidas, hay inquietud militar» (18 de junio de 1998).

A lo largo del análisis se evidenció que La Nación hacía mínimas referencias al pasado como constituyente del presente, que subyacía en su esquema narrativo el discurso de la reconciliación nacional y la teoría de los dos demonios, y que otorgaba una importancia desmedida al tema de la inquietud militar. La Nación llega a relacionar esta actitud con las que han surgido en circunstancias anteriores en las que se intentó juzgar a los militares por su actuación en los años setenta: es decir que se refiere a alzamientos militares ocurridos en 1987 y 1988, cuando se considera que existió la posibilidad de un golpe de estado, en la medida en que el presidente debió pactar con el poder militar.

La Nación, al centrar el tema en el estado de ánimo de las Fuerzas Armadas -que no son un sector político- evitó tejer la trama de maniobras políticas posibles del caso (lo que hizo Clarín en cambio) y detallar los delitos que motivan las numerosas causas judiciales que han sido abiertas contra miembros del sector castrense.

Entonces, ¿qué permite que un diario prestigioso como éste adopte esta postura? Las razones parten desde ideas remotas, que se encuentran en germen desde el mismo nacimiento del diario, y se desarrollan y  se combinan con otras elaboraciones de la opinión pública que surgieron de las difíciles circunstancias que ha ido viviendo la sociedad argentina, y se relacionan con su forma de procesar esas experiencias.

Acotada historia del debate público

Durante el último golpe militar comenzaron a producirse hechos político-sociales que como todos, exigían una explicación, una elaboración del sentido por parte de la comunidad que los vivenciaba. El recordar no remite a la mera presencia de lo olvidable, a manera de una recopilación de datos, como el que constituía el caso de Funes, el conocido personaje de Borges. La memoria colectiva apunta a la posibilidad de otorgar sentido a lo vivido. Y el sentido siempre se construye colectivamente, a través del diálogo y el debate. Pero evidentemente, no era tiempo de polémicas. El estado de coerción era casi absoluto. Había una única y autoritaria visión de los sucesos: quien no adhería a ella jugaba su vida. El poder militar no utilizó estrategias discursivas para aniquilar la palabra de su adversario: directamente lo acalló con el silencio eterno.

Pero aquellas acciones delictivas necesitaban una justificación y así es como el discurso oficial postulaba la existencia de dos grandes grupos enfrentados en una guerra, de los cuales los militares y la extrema derecha conformaban uno.  Ellos, desde el poder estatal que habían usurpado, pretendían salvar al país del supuesto peligro comunista. El adversario, en la construcción simbólica de los militares, estaría constituído por otro pensamiento, considerado «subversivo», que intentaba trastocar el orden vigente. Desde el discurso oficial se consideraba necesario eliminar al grupo «subversivo». El maniqueísmo descripto fue implantado en gran medida por la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, no elaborada por los países latinoamericanos sino propuesta y financiada conveniente por Estados Unidos en una política que intentaba asegurarse el dominio del continente durante la Guerra Fría.

Con la llegada de la democracia, el discurso enfatizó la libertad política por encima de todo derecho y reivindicación económica. El miedo estaba arraigado profundamente en el cuerpo social, pero la memoria colectiva comenzó a exigir castigo a los culpables de los crímenes cometidos. Comenzaron las investigaciones de la CONADEP y los juicios a las juntas militares. El debate público sobre la asignación de un sentido a ese pasado doloroso comenzó a desarrollarse, pero fue interrumpido tempranamente. Las leyes de Punto Final, de Obediencia Debida y los indultos frustraron los intentos de obtener justicia. Los reclamos cedieron a la promesa de otros objetivos políticos, como lo fueron la instauración de una democracia sólida sin el peligro de alzamientos militares, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y la integración a nivel internacional a través de logros económicos según Carlos Menem. El íntimo conflicto entre la voluntad de recordar y las políticas del olvido que se habían impuesto quedaba bajo la superficie, nunca concluso, pero existiendo en silencio.

Con la administración menemista, se instalaron otros temas en el debate público, temas de índole económica, con el consiguiente viraje en la escala de valores. Si antes el olvido iba apareciendo en los márgenes del discurso oficial, ahora el postulado básico era el de «olvidar el pasado para mirar el futuro». El olvidar fue denominado «reconciliación nacional» o «pacificación» en la que ambos «bandos» de aquella «guerra» hoy se darían la mano.

El debate público nunca terminó de elaborar una historia colectiva. Los traumas de este pasado nunca han sido resueltos a través de la creación de una interpretación colectiva en términos de identidad en Argentina, y retornan a su realidad cíclicamente, como una herida que se empeña en no cicatrizar hasta ser desinfectada.

Relatos fracturados y tendencias

Hoy, casi al fin de la era menorista, las llagas aún se abren, quizás con más frecuencia. Cada testimonio, cada arrepentimiento, cada escrache, cada proceso judicial a nuestros genocidas en otros países remueve esa memoria colectiva y promueve un debate explosivo, superficial y breve, en nuestra sociedad, que sin embargo, logra que a largo plazo se intente retomar la conciencia perdida durante décadas de silencio. Lo que ha sucedido es que las versiones sobre el relato histórico se han construido en parte individual y en parte grupalmente, pero nunca socialmente. No tenemos un buen relato histórico, y esa ambigüedad también se presenta en la identidad de los argentinos.

Parece primar un fuerte interés, sobre todo por parte de los jóvenes, de reconstruir un relato del pasado. También un sector mayoritario de la población siente que el tema de los derechos humanos es una clave para recuperar el pasado y se esfuerza por asistir al debate democrático. Según encuestas publicadas en diferentes diarios, en enero de 1998, un 56,6% de personas se manifestó a favor de dejar sin efecto las leyes de impunidad; un 60,2% opinó que el edificio de la ESMA debía servir como un símbolo de la memoria de esos años; mientras que en octubre de este año un 67,8% estuvo de acuerdo con que el juez Baltasar Garzón juzgue a militares argentinos.

Sin embargo, en el grueso de la opinión pública el interés continúa siendo bajo. Esto es así también a causa de una despolitización generalizada. La opinión pública de nuestro país comparte el argentino rasgo de ser contradictoria. Pero dentro de la apatía generalizada podemos destacar una fuerte tendencia a construir ese debate colectivo pendiente sobre el pasado próximo. Quizás esta demanda venga de la mano de aquella que exige una nueva ética posible, y transparencia en la función pública, en reacción a tantos casos de corrupción en el poder político.

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