Mostrar la cara no es dar la cara

Ayer murió un hombre en los Sanfermines, y la imagen de su agonía en los medios nos tiene divididos.

La mayoría, incluyendo a Soitu, LaRazon.es, ADN.es, elPeriodico.com y LaVanguardia.es, ha publicado el rostro en primera plana cuando aún no se conocía la identidad del fallecido. ABC.es no ha dejado de ponerla, pero ha pixelado los ojos. RTVE.es y 20minutos.es han presentado la noticia con una fotografía de contexto del encierro. Lainformacion.com, sí pero no. Es decir: han decidido no publicarla pero el robot la ha publicado.

El debate estuvo presente a lo largo del día en varias redes sociales. En muchos comentarios la audiencia pedía respeto a la familia, mientras varios comunicadores debatíamos sobre la delgada línea a trazar para todos los casos, tanto el del niño tiroteado en Honduras como el de muertos más cercanos. Como apuntó Antonio Delgado, el criterio no puede ser la proximidad del muerto.

He tenido este debate mil veces en las cátedras de Ética y Deontología Periodística: nunca llegábamos a una conclusión común. Todo queda finalmente librado a esa zona oscura de los dilemas morales del periodista. Esos que resolvemos en soledad, esa almohada con la que cargamos por haber elegido una profesión apasionante, donde el privilegio de estar en contacto primeros con la noticia también nos hace merecedores de una terrible responsabilidad. Pensando en la presión de unos directivos que publican todo con afán de vender y enfrentados a una audiencia que nos critica pero a la vez se fascina con imágenes truculentas.

Javier Barrera dice en un post muy elocuente con el que no estoy de acuerdo:

Es en un día como hoy cuando los periodistas y los periódicos nos tenemos que reivindicar y dejar de lado los paños calientes y retratar la realidad tal y como es. Lo sentimos mucho y lo haremos con suma delicadeza. Con todo el respeto. Con el nudo en el estómago.

Y yo me pregunto hasta dónde llega la reivindicación del periodista que quiere mostrar la cara de un muerto cuando todavía la familia no lo sabe. Cuándo esa línea se transforma en el terreno de la dignidad de esa persona.

¿Publicamos absolutamente todo lo que encontramos? No, no podemos hacerlo. Tenemos un espacio limitado, hay una sola portada hoy, tiene que ir una foto en ese post. Somos filtros, nos guste o no. El periódico, el medio tiene una audiencia global, si alguien quiere gore, sabrá adónde encontrarlo.

¿Mostrar la brutalidad de la vida y los encierros, y las guerras y el terrorismo? Sí, por supuesto. Pero evitando mancillar la privacidad y la dignidad de un hombre. Habrá otras fotos, podremos usar otras fotos, y en esto coincido con Sonia Blanco.

Siempre estoy absolutamente a favor de dar toda la información, de no quedarnos nada. Pero la pregunta aquí parte de saber si eso es información, justamente esa foto de la cara agónica de un hombre, o si sólo es una fascinación por la sangre real en un mundo donde el riesgo escasea y la sangre suele ser zumo de tomate. Aquí creo que es donde reivindicamos realmente el periodismo, porque sabemos perfectamente que el morbo vende y aún así podemos negarnos a publicar aquello que no está agregando información.

Untraceable: el morbo en tiempos de internet

Ayer ví Untraceable, una película que podría pasar por ser una más donde hay un asesino serial y el policía de turno explora los límites de sus nervios por atraparlo. Pero ésta plantea de una forma muy interesante el tema del morbo en internet y la paradoja de odiar algo pero no poder dejar de verlo.

El asesino tiene una página web llamada killwithme.com en la que pone un streaming en directo de sus víctimas sometidas a alguna tortura y un visor del número de personas que la están mirando. El hecho inevitable de la trama es que siempre el número aumenta, con unas velocidades crecientes, con la consiguiente aceleración de la muerte de la víctima. En algún momento la agente de policía dice que esta conducta está causada por la curiosidad: eso que en España se llama morbo aparece como un elemento fortuito, fatal, inevitable, con el que el asesino juega.

La película no adjetiva, pero muestra comportamientos inquietantes. El escenario es internet, pero el fondo no es diferente a aquél en el que la gente que se reunía en las hogueras de la inquisición a quemar «infieles» o los que acuden a ver cómo matan a un condenado inyectándole potasio. La evolución humana puesta en entredicho, un enfoque que se ha repetido muchas veces. Pero pensándolo de otra manera, esa curiosidad que nos genera la muerte, ¿no es justamente lo que nos hace tan humanos?

Si en este punto del post alguno no abrió la página web de killwithme.com que deje su nombre en los comentarios. Un antropólogo social por aquí por favor.

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