Her: La singularidad era esto

Primero pensábamos que el futuro tendría coches voladores, luego lo vimos en las pantallas transparentes de Minority Report, y ahora con Her nos damos cuenta de que en el futuro la tecnología es insípida y además ni siquiera la singularidad es emocionante.

Fotograma de Her, de Spike Jonze

La infinita soledad de la protagonista de Lost in Translation se muestra en Her, pero en aquella historia se trataba de cómo alguien que estaba en pareja se sentía solo y ahora se trata de cómo alguien solo se siente dentro de una relación. En ambos casos lo irreal, lo socialmente aceptado y el vacío existencial son parte fundamental de una vida donde el diseño Apple-ish está por todas partes. Invariablemente ambas suceden en ciudades masivamente habitadas, donde sus protagonistas caminan desoladamente aislados en medio de multitudes.

(A partir de aquí posibles spoilers) Me siento culpable de haber tenido sospechas de que Siri- perdón, Her- fuera la crítica tecnófoba cansina de siempre a los que van mirando el móvil. Jonze ha sido muy listo y nos ha mostrado un mundo donde no es necesario mirar la pantalla del móvil para estar conectado, y por eso a veces la película parece una gran oda a Siri. Pero creo que la grandeza de Her va mucho más allá de la tecnología, porque toma el ecosistema de redes, internet y smartphones para mostrarnos algo que estaba mucho más acá: la soledad, la complejidad de las relaciones humanas y por qué no, el valor de las cartas, especialmente la última que escribe Theodore. Donde digo carta también digo email, obviamente.

Pese a que nadie indica expresamente que eso es el futuro – no hay fechas, la tecnología que se usa cotidianamente allí ya existe-, todos lo intuimos en los primeros segundos de película. O queremos pensar que es el futuro porque aún no hemos llegado ahí. Y en ese futuro la singularidad ya no consiste en que los robots quieran dominarnos sino en que se aburren de nosotros y deciden abandonarnos. Sin dudas, parece mucho peor. Devuélvannos los coches voladores.

La música de Arcade Fire, inspiradora. La fotografía, impecable. La película para mí ya se lleva un 10 sólo por el cuadro en el que Theodore está sentado y un búho baja detrás en una pantalla gigante.

Me gustaron estas reseñas:

Todo ángel es terrible, Marta Peirano para JotDown
Why Her Will Dominate UI Design Even More Than Minority Report, Kyle Vanhemert para Wired

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  • Por Posmodernidad cyborg | Subluz el enero 31, 2014 a las 8:37 am

    […] Máquinas que mejoran al ser humano, y mejoran en lo humanoide de sí mismas. Una Posmodernidad cyborg. «La singularidad tecnológica era esto» apunta Marilink. […]

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