Graffiti en el mundo árabe

El-Seed

Al-Calli-Graffiti, me dicen que así se le llama a un arte que mezcla la escritura caligráfica del árabe con el graffiti. Su inventor es El-Seed, un artista francés de origen tunecino, que aprendió de dos de los maestros caligráficos modernos: Hassan Masood y James Baldwin.

La imagen arriba es una de sus obras en el barrio de Manshiya Nasr, en el Cairo. Allí es donde vive la comunidad copta de Zaraeeb (a los que algunos llaman peyorativamente Zabaleen, que significa la gente de la basura). Durante décadas, estas gentes han recogido los desechos del Cairo, desarrollando un sistema eficiente de reciclaje a nivel global. El-Seed observa que a pesar de eso, el lugar es percibido como sucio y sus habitantes son marginados.

El artista se desplazó con su equipo y con ayuda de la comunidad creó una pieza anamórfica que se esparce sobre unos 50 edificios, y es sólo visible desde cierto punto del monte Moqattam. La inscripción utiliza una frase de San Atanasio de Alejandría, un obispo copto del siglo III, y dice:

Cualquiera que quiera ver la luz del sol claramente sólo necesita limpiarse los ojos primero

‘إن أراد أحد أن يبصر نور الشمس، فإن عليه أن يمسح عينيه’

El-Seed tiene página web y vende sus obras, pero también hay otros otros artistas del graffiti en países árabes más desconocidos o que buscan su anonimato para poder expresarse. Ellos también están llenando los muros de sus ciudades de palabras que son imágenes cargadas de ideas y belleza.

(Thanks, Tarek)

Nasreen Mohamedi

Nasreen Mohamedi

It was something that really stayed with me—that a humble work can also seem monumental, dijo Philippe Vergne. Líneas y líneas perfectas que no son frías, que transmiten tanto. Minimalismo lleno de profundidad. Hay que ir a ver Nasreen Mohamedi, mujer, pakistaní que vivió en India, zen, en sus dibujos de grafito y papel. Está hasta enero en el Reina Sofía, en Madrid.

El patrón del mal: una serie bien verraca

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Me quedan 10 capítulos para terminar la serie colombiana de Pablo Escobar, “El patrón del mal”, y me acabo de dar cuenta de que he suspendido todo otro TV show, película y mucho de lo que pudiera ocupar mi tiempo libre para consumir frenéticamente los 103 capítulos que llevo. Lo había advertido Casciari pero pensaba que exageraba, como todo argentino 😉

El mayor delincuente de Colombia era además un multimillonario que gastaba 2.500 dólares por mes sólo en gomitas para atar los fajos de dinero. Su hermano, que llevaba la contabilidad, contó que tenía que descontar un 10% de sus ingresos anuales en billetes que se destruían a causa de la humedad o las ratas. Ganaba 21.000 millones al año de los que descontaba más de 2.000 millones en ese concepto. Tenía tanto dinero que literalmente, le sobraba, porque no podía gastarlo. Escobar vivió prófugo y con miedo a la extradición hasta su muerte.

Pablo Escobar es de esos tipos malos fascinantes, al nivel de Tony Soprano. Pero el personaje es mucho más humano que Rubén Bertomeu, el empresario corrupto de Crematorio, y más ingenuo que el Frank Underwood de House of Cards, aunque más sanguinario que todos estos. Sabes que Escobar es el generador de tanta muerte y desgracia, pero tu odio es racional. En algunos momentos de la serie parece que lo entiendes y eso te horroriza. Lo odias y quieres que ganen los buenos, pero estás metida en su carrera hacia adelante. Y ya no entenderás nada, como cuando ves a un sicario que le pide protección a la virgen antes de ir a matar.

Y en ese momento también lees por ahí que la serie que muestra a un Escobar tan humano fue producida por la sobrina de Luis Carlos Galán, el candidato asesinado por Escobar; que los guiones, fueron supervisados por Camilo Cano, hijo del director del periódico que asesinó Escobar; y que la escenógrafa debió recrear una escena en la que mataban a su propio abuelo.

Es una serie en la que a cada escena vas recordando lo que leíste en los periódicos, y donde muchos de los crímenes tienen una entrada propia en la Wikipedia, porque sucedieron realmente. Digamos que la historia te ha espoileado el espectáculo. La ves poniendo pausa y buscando en internet nombres y datos. La realidad es tanto más complicada e interesante que la ficción, y no puedes más que entender la gravedad de la tragedia que vivió Colombia en aquellos años. La serie cuenta la historia de Escobar desde que era niño hasta su muerte, contando los hechos políticos que vivió el país. La serie se centra en Escobar, su familia y su entorno, el Cartel de Medellín y muestra cómo el narcoterrorismo organizó una red de sicarios que asoló al país.

Una de las cosas que más me asombran de la realización es que meten imágenes reales, discursos en audio y vídeo de algunos sucesos que recogió la televisión: imágenes de atentados, declaraciones de los protagonistas, audios telefónicos, discursos de los funcionarios que fueron grabados. Asombrosamente logran que el contraste entre lo real y la representación sea irrelevante. Uno sabe que todo eso ocurrió, aunque al comenzar cada capítulo una placa advierta que los hechos históricos están rodeados de escenas de ficción.

Por otro lado las caracterizaciones de los personajes son asombrosamente rigurosas. A pesar de que no se corresponden exactamente los nombres con los personajes en todos los casos, en los que pude encontrar imágenes reales, el casting es impresionante: Andrés Parra (“ya no era Andrés sino Pablo Escobar“, dijo en alguna entrevista); Popeye (llamado “El Marino” en la serie, los que vieron la serie, vean esta entrevista en la cárcel y díganme si no es un gemelo); el candidato Luis Carlos Galán, Diana Turbay.

Años de producción de telenovelas han dejado su huella y a pesar de que “Pablo Escobar, el patrón del mal” fue una de las mayores producciones colombianas en televisión y está rodada en HD, no termina de sacudirse el sabor a culebrón que le dan ciertos cortes de música, y sólo por eso creo que la serie no es muy conocida en España. No hagan caso al prejuicio. Está muy bien rodada, tiene unos exteriores envidiables, con buenos diálogos y un ritmo que no te deja tomar aliento ni un momento.

No dejo de recordar a Medellín cuando la conocí en 2013, esa ciudad tan luminosa y tranquila, su gente y sus barrios, y yo en ese viaje no conocía tantos detalles de lo que había sucedido en esas calles. Punto extra para todos los vocablos y frases colombianas que uno aprende en el transcurso de la serie. ¿Sí o qué? ¡Muy verraco eso, hermanos!

Medellín, vista desde Santo Domingo

Por qué se usa mal la palabra ‘hacker’ en titulares

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Never mind that in ‘true’ hacker culture – as found in hackerspaces, maker-labs and open-source communities around the world – the mechanical act of breaking into a computer is just one manifestation of the drive to explore beyond established boundaries. In the hands of a sensationalist media, the ethos of hacking is conflated with the act of cracking computer security. Anyone who does that, regardless of the underlying ethos, is a ‘hacker’. Thus a single manifestation of a single element of the original spirit gets passed off as the whole.

-How yuppies hacked the hacker ethos – Brett Scott – Aeon

Sólo una definición en un gran texto que recomiendo y que explica lo que nos dejamos por el camino cuando desconocemos el origen de la cultura hacker, y contribuimos a su gentrificación.

Cómo se vestirá la gente en 1950, según 1914

Otho Cushing

Otho Cushing es el ilustrador de esta portada retrofuturista, publicada por LIFE en 1914. Cushing fue un ilustrador popular que dibujó para LIFE durante muchos años, aunque poco se sabe de él. El estilo y la temática gay de sus trazos han dado cabida a la idea de que la familia o la sociedad de la época vieron algo que ocultar y pocos datos se tienen de su vida, aunque se puede ver su obra en varias ilustraciones y acuarelas. Vía: What people will dress like in 1950 as imagined on the cover of “Life”, 1914 | Matthew’s Island of Misfit Toys

El Ministerio del Tiempo y las mil Españas

El Ministerio del Tiempo

Ví el primer capítulo y me fascinó. No hay spoilers, siga leyendo tranquilo, aunque aún no sepa por qué terminará viendo esta serie. “El Ministerio del Tiempo” es una serie fantástica y de aventuras que se basa en hechos de la historia de España. El propio Ministerio del Tiempo es una institución secreta de la que sólo tienen conocimiento presidentes, reyes y quienes trabajan en él, y tiene como misión preservar la historia de España.

“No podemos decir que no podría haber sido mejor, pero tan mala no es, y no somos quiénes para cambiarla, por lo que tenemos que mantenerla así porque es lo que nos ha hecho que lleguemos hasta aquí”, algo así explica su director a los recién llegados. La premisa –en la que Lucía ve el rancio orgullo españolista– oculta a primera vista mucho más de lo que sugiere inocentemente. A lo largo de toda la serie aparecerá cierta tensión en desafiar esa filosofía y esa misión constantemente, tanto para beneficio colectivo como para beneficio personal de los funcionarios del Ministerio que tienen acceso a las Puertas del Tiempo.

He pensado mucho qué es lo que más me engancha de la serie. Se ha dicho que El Ministerio del Tiempo gusta porque ensalza la figura del funcionariado español, porque allí se habla de España en singular, como si fuera una sola y sin acentos, y que en España gusta porque nos recuerda lo españoles que somos. Yo detesto los nacionalismos, ese orgullo idiota de haber nacido en un trozo de tierra y creer que es mejor que otro. Los conozco, los padezco, tanto el argentino como el español. Cada vez que caigo en ellos, como en un perfume dulce y reconfortante, huyo: las fronteras y las banderas son útiles para administrar, pero los seres humanos somos iguales en lo que importa. Y justamente me parece que El Ministerio del Tiempo se ríe de eso: reconoce esas señas de identidad que los españoles ostentan como propias y de paso hace un chiste con eso. Se han ganado a la audiencia, y aprovechan para tirar del anzuelo. Y mientras hablan sobre reyes, guerras, armas, también hacen crítica social, mostrando cómo se ven las cosas en una y otra época. La ciencia ficción muchas veces ha abierto caminos para que nos cuestionemos nuestra realidad desde el panorama que nos da otro mundo distópico: esa misma crítica social creo ver en algunos diálogos de MdT, y me encanta.

Los jevis de Gran Vía

A quienes nacimos afuera nos muestra de dónde vienen tantos rasgos españoles, nos los muestra jugar y competir entre ellos a lo largo de la historia. No vemos dos, vemos las mil Españas. Y aún así, paradójicamente, es una serie que tiene que luchar contra su estigma de ser española. Cada vez que la he recomendado, me decían lo mismo: “Oí buenas cosas de ella, pero es que me da mucha pereza ver una serie española”. Y también el asombro: “¿de verdad es tan buena siendo española?”. Estoy convencida de que si no la ha visto más gente (aún) es porque ese prejuicio les juega en contra. Los hermanos Olivares y el gran equipo detrás de este producto acaban de demostrar contundentemente que la ficción en este país puede estar al mismo nivel de las mejores series internacionales.

Hay muchísimas cosas que me gustan de la serie, no creo que termine de poner todas en este texto. La elección de los actores, la mezcla de la Historia (siempre con mayúsculas y tan intocable) con el humor, la simpatía de los personajes. Hay escenas muy logradas. Emociona, sorprende, hace reír. El guión es tan bueno, que a pesar de que los actores a veces declamen algunas líneas como si estuviesen en un teatro, logra sobreponerse y crear escenas geniales. Los guiños a la audiencia son constantes, pero no burdos ni obvios. El papel de las mujeres de la serie es maravilloso: Amelia e Irene son las jefas de las misiones, así, de entrada. Las mujeres son protagonistas íntegras, no son amantes o esposas. Son quienes van adelante y quienes rompen las reglas o se atreven a tener las suyas propias. Y finalmente otro detalle que me llama mucho la atención: escuchar a alguien hablando de vos sin ser argentino, escuchar cómo sonaba el vos de España en el Siglo XVI en la voz de Alonso de Entrerríos. Otras cosas que me gustan están descriptas en la reseña de Jot Down (ahí sí hay spoilers).

García Lorca en El Ministerio del Tiempo

Ví la serie en un par de días, tras volver de Argentina. Alguien prof_falken pidió que entrevistáramos a Javier Olivares, su creador, para el Pregúntame, y quise ver de qué se trataba esto. Ese día compartí un viaje de vuelta de Burgos con Antonio (@aberron, ¡gracias!) y le pregunté qué era y me dijo algo así como “Un Doctor Who español”. Sin creerme demasiado su entusiasmo busqué el primer episodio, y en el camino me encontré con mil millones de comentarios en redes, foros, páginas en Facebook y Twitter, millones de fanfics, un Tumblr oficial. Y lo mejor es que no tuve que descargarme nada porque toda la serie está en el servicio A la Carta de RTVE.

La app móvil para verlo con Chromecast es una idea excelente, si funcionase bien. En principio todo va bien hasta que decides pausar, si hiciste eso perdiste: se cuelga la aplicación, hay que comenzar otra vez. Y no solo abrir la app otra vez, sino ver de nuevo todo (!!) porque no funciona bien la función de adelantar/volver atrás. El otro problema es que algunos capítulos se ven en HD y otros no, también una pena, porque ha sido filmada cinematográficamente y sería bueno disfrutarla así.

El éxito del Ministerio del Tiempo

Last but not least, una de los aspectos más interesantes del fenómeno MdT es que pone sobre la mesa el tema de las mediciones. Cuando se habla del éxito de esta serie es necesario explicar que estuvo mal programada, que los primeros cuatro capítulos no tenían un mismo horario, que su audiencia en vivo y en directo era alta pero es en el diferido y en web donde se dispara finalmente: 3.100.000 personas vieron el último capítulo, mientras que “sólo” 600.000 lo vieron en directo. ¿Hasta qué punto es miope seguir considerando sólo a un tipo de medición, la de los audímetros y olvidar a una gran porción de la audiencia, audiencia bastante más exigente además, que ya no ve TV en directo sino a la carta y en diferido?

La participación en redes generada por parte de los ministéricos (así se llaman los fans de MdT) generó fanfics, memes, un podcast, tumblrs, incluso subtítulos en inglés y hasta húngaro; también una petición en Change.org para que TVE hiciera una segunda temporada, algo que al final se ha confirmado por parte de la cadena. Por cierto, en breve tendremos a Javier Olivares en el Pregúntame, los encuentros digitales con los lectores de eldiario.es.

 

Más enlaces:

El Ministerio del Tiempo – Capítulos completos

Entrevista a Javier Olivares – Informativos.net (video)

La fiebre ministérica – La Vanguardia

La gracia y el ceceo

Así gobierna El Ministerio del Tiempo las redes sociales

Entrevista a Javier Olivares en Vaya Tele

‘El Ministerio del Tiempo’ es también el Ministerio del Éxito

Conclusiones de un ministérico después del final de El Ministerio del Tiempo

Ruta ministérica por las localizaciones de El Ministerio del Tiempo

La guía imprescindible para descubrir el Madrid de El Ministerio del Tiempo

Generador de certificados del Ministerio del Tiempo

Sexo hipster

Es tan hegemónica la presencia del sexo en la vida contemporánea que sería complicado distinguir lo que es sexo de lo que no lo es. Lo que es una broma inocente de una insinuación sexual. La cultura hipster hace bastión de esta indiferenciación de lo sexual. Vive en los límites de lo que es lícito e ilícito explicitar. Fuerza los límites de la tolerancia de lo que es posible consumir. La cultura hipster ya no le tiene miedo al sexo porque no hay elemento a su alrededor que no sea sexual.

Hipsteria Lane: gentrificando la intimidad

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